El Cristiano y la Política

¿De dónde viene la Esperanza y el Verdadero Cambio?

Por Milton Picón

En las pasados meses he estado leyendo y estudiando los diferentes análisis que vienen haciendo diferentes creyentes, aquí y en los Estados Unidos, que son observadores y analistas de los procesos políticos y ha sido de bendición para mi vida. Trae perspectiva en un tiempo de confusión donde se hace tan necesario el discernir. Aquí les va un resumen de algunos de esos análisis. Algunas cosas las contextualizo a lo que estamos viendo y viviendo en este tiempo.

Sin lugar a dudas, las elecciones, tanto las locales como las nacionales, van más allá de Fortuño vs García Padilla ( los demás candidatos, ni los sumo a esta ecuación, no solo porque no tienen posibilidades algunas de prevalecer en la contienda electoral, sino también porque algunos, lejos de añadir ideas, lo que han hecho es enlodar aún más las aguas turbias de la política partidista ) y Obama vs Romney, de republicanos vs demócratas o PNP’s vs PPD’s.

Las elecciones del próximo mes de noviembre son un microcosmo de una lucha muchísima mayor, que precede las pequeñeces del mundo partidista y sus candidatos. Estas elecciones tratan acerca de la verdad vs la mentira, la luz vs las tinieblas, el bien sobre el mal. En última instancia, noviembre representa un punto alto o bajo, como usted lo quiera poner,  en el enfrentamiento épico entre formas de ver al mundo  (cosmovisiones) diametralmente opuestas y totalmente incompatibles.

Por un lado tenemos, la visión de mundo judeo-cristiana, una que se informa a través de las verdades absolutas de la Palabra de Dios. Una que sostiene que los individuos y las naciones son responsables ante el Dios Creador de cielos y tierra, un Dios soberano. “…… Tú haces lo que quieres con los ejércitos de los cielos y con los habitantes del mundo” ( Daniel 4:35 ).

Este fue el marco de referencia por el cual se fundó la nación americana. El registro histórico es innegable. No necesariamente todos los fundadores eran creyentes,  y se dan muchos debates estériles alrededor de este punto, pero solo basta con mirar las inscripciones de los monumentos históricos de la nación y leer lo que escribieron muchos de estos hombres para darse cuenta de donde estaban puestos los puntos de referencia. Ellos escribieron, con mucha razón que la nueva república constitucional que fundaron solo podía funcionar armoniosamente en el contexto de una visión de mundo judeo-cristiana.

Declara la Constitución, que tenemos unos derechos inalienables que nos fueron conferidos, no por el hombre, no por los gobiernos, sino por nuestro Creador, entre los cuales se encuentra el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Por otro lado tenemos otra visión de mundo secular y humanista, que no es nueva, que data desde los tiempos antiguos. Sostiene que no existe una verdad absoluta y que defiende a brazo partido que “el hombre es la medida de todas las cosas, no Dios”. Muchos de los líderes políticos de la actualidad abrazan esta visión de mundo y no solo políticos, sino también personalidades, líderes dentro de la sociedad civil y muchos de nuestros medios masivos de comunicación. Muchos de estos líderes, ignoran consciente o inconscientemente que la historia nos revela que cuando los políticos han abrazado la filosofía de que el hombre es la medida de todo, es cuando más violencia se ha generado en contra de los propios hombres. No han sido las luchas religiosas necesariamente las que han producido las matanzas de millones de seres humanos, como nos lo quieren hacer creer los profesores en la academia, han sido los gobiernos ateos que se han regido por el secularismo total ( Hitler, Stalin, Mao y otros ) los que han asesinado a millones de personas. Cuando le permitimos a los gobiernos que nos redefinan valores milenarios nos corremos el riesgo que apliquen el relativismo a todo lo que hacen. Un relativismo con unas escalas totalmente desequilibradas y sin líneas de demarcación, terminan llamándole a lo malo bueno y viceversa. El  ser creyente y moral era una virtud hace décadas, el secularismo rampante está a punto de convertir a los cristianos en una subcultura a la que hay que silenciar y eventualmente perseguir. La semana pasada escuchábamos a la recién electa presidenta del Colegio de Abogados decir que había que reiniciar unas discusiones alrededor de la institución del matrimonio, pero que la misma tenía que ser enmarcada en el secularismo, excluyendo del debate a los religiosos. Uno de los candidatos a la gobernación por uno de los recién inscritos partidos ( PPT ), un socialista, marxista- leninista que ha recibido un lavado de cara de parte de los medios de comunicación dejaba clara su agenda para el país: “legalizar la marihuana, no enviar a la cárcel a adictos a la cocaína…. y que las iglesias no se inmiscuyan en el gobierno… hacer  realidad  la teoría de la separación de iglesia y estado”.

El teólogo Francis Schaeffer, en su libro “The Christian Manifiesto” ( El Manifiesto Cristiano ) decía que las dos visiones de mundo que se enfrentan en la actualidad van a traer como resultados unas diferencias que van mas allá de lo personal, iban a ser diferencias que afectarían  totalmente la sociedad, el gobierno y las leyes. Añadía que no había forma ni manera alguna de reconciliar estas dos visiones de mundo. Son entidades separadas que no pueden ser sintetizadas. No es exagerado el decir que estamos en una batalla, donde no puede haber neutralidad. Alguien tiene que ganar y alguien tiene que perder. O confesamos que Dios es la autoridad final o confesamos que César ( el gobierno ) es la autoridad y el Señor. Bajo la tradición judeo-cristiana, Dios es la autoridad final, el da y el quita. Bajo el humanismo secular, el hombre es la autoridad final, y él es el que da y el que quita. Un conocido escritor evangélico, Dr. R.C. Sproul ha observado que: “El humanismo no fue inventado por el hombre, sino por una serpiente que sugirió que la búsqueda de la autonomía podría ser una muy buena idea”. Todos los que somos creyentes conocemos el final de esta historia, la Verdad eterna, encarnada en la figura de Jesucristo aplastará la cabeza de la serpiente y su prole. Sin embargo, en tanto llega este momento los creyentes no podemos amilanarnos y abandonar la batalla. Hoy más que nunca debemos unirnos fielmente a la misma, no importando cuan alto lleguen las aguas. Créanme que las aguas se están convirtiendo en ríos y mares impetuosos.

Los Padres Fundadores de la nación americana tuvieron la visión de construir diques constitucionales para impedir las inundaciones que iban a producir los huracanes secularistas. Desafortunadamente en las pasadas décadas los diques se han agrietado y cedido dando paso a una verdadera inundación de ideas contrarias a nuestra herencia judeo-cristiana. Entre los escombros de la inundación se encuentran sobre 55 millones de vidas preciosas desmenbradas a los que se les negó el derecho a nacer, millones que fueron sacrificados en los modernos altares de la conveniencia de los hombres, tenemos instituciones fundamentales como el matrimonio y la familia debilitadas a través de las leyes que promulgan políticos secularistas que quieren normalizar la disfunción. Entre los escombros de la inundación secularista se pueden contar la pureza sexual, la virtud y la moral tradicional.

Esta inundación que asfixia carga también un trasfondo neo-marxista cuyas primeras bajas lo son la libertad individual, de conciencia, la soberanía nacional puestas en las manos de otras naciones que ni siquiera conocen el significado de lo que es democracia. Los nuevos salvavidas y valores de la nueva sociedad es la exaltación del yo y el estado, el materialismo rampante que nos destruye la solvencia económica y la experimentación e inmoralización de las fuerzas armadas, poniendo en peligro la propia seguridad nacional.

Estamos inmersos en una inmensa guerra espiritual. El pueblo cristiano necesita, hoy más que nunca, discernimiento espiritual. Necesita vacunarse en contra del engaño sutíl de los políticos de turno. Todos nosotros sabemos que necesitamos urgentemente esperanza y un cambio. De eso precisamente, e inteligentemente se adhirió el Presidente Obama en su campaña del 2008. Las encuestas le decían al candidato norteamericano, como también nos dicen a nosotros que la sociedad sabe que el país se nos salió de curso. Sabemos que necesitamos un cambio, pero si no tenemos discernimiento vamos a poner nuestra esperanza en que los políticos de turno serán los que nos traigan los cambios y ahí vendrá la gran decepción, una vez más.

Nuestra esperanza no puede depositarse en los hombres, ni en los partidos políticos o sobre quienes ocupan tales o cuales puestos. Si lo hacemos pondremos nuestra esperanza en bolsillos rotos. ¿Por qué? Hay una gran realidad, elegimos a aquellos que reflejan lo que nosotros somos. ¿Y qué somos? Somos un pueblo dividido, con facciones que tienen mucho coraje. Y los gobiernos de turno reflejan eso. Por eso vemos un deterioro palpable en el campo de la política. Somos una nación dividida por cosmovisiones y no tenemos la voluntad que necesitamos para salir de este hoyo.

Si los gobiernos reflejan el desmadre que hay en la sociedad, entonces los gobiernos no pueden traer el cambio. Alguien dijo una vez: “He descubierto el mal, está dentro de mí”.  Tenemos que erradicar ese mal y eso lo puede hacer solo Dios. Dios tiene la capacidad de transformarnos para devolvernos a la vida civil como personas cambiadas, personas transformadas. Edmund Burke, el gran estadista inglés del siglo XVIII dijo: “Los hombres están calificados para la libertad en una proporción exactamente igual a su disposición para poner cadenas morales a sus propios apetitos……La sociedad no puede existir a menos que un poder dominante sobre la voluntad y el apetito sea colocado en algún lugar, y mientras menos de este se encuentre dentro, más se deberá prescindirse del mismo. Está ordenado en la constitución eterna de las cosas, que los hombres de mentes intemperantes no puedan ser libres. Sus pasiones forjan sus grilletes”.

Otro de los Padres Fundadores, John Adams, lo puso de la siguiente forma: “Nuestra Constitución fue concebida únicamente para un pueblo moral y religioso. Es totalmente inadecuada para el gobierno de otro ( tipo de ) pueblo”.

¿Cómo podemos esperar cambios, si continuamente ponemos nuestra esperanza en que el cambio nos llegará de afuera, de la mano de los hombres? Tenemos que volver a hacer ejercicios de introspección y mirar nuestro corazón y volver nuestra mirada a aquel que se especializa en intervenir, sanar y trasplantar  corazones. Si no lo hacemos nos encontraremos como excursionistas sin brújula o marineros sin la estrella del norte, habremos perdido nuestro punto de referencia y en consecuencia, seguiremos apartados del verdadero camino.

O somos nosotros mismos nuestro punto de referencia y seguimos perdidos o volvemos a colocar a Dios en el centro de nuestras vidas y lo volvemos a poner como nuestro único y final punto de referencia. Si hacemos esto último, tendremos la verdadera esperanza del cambio, por que nuestra fe estará fijada sobre aquel que es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. En el no hay mudanza alguna, ni sombra de variación. Es el único que promete y cumple.

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