¿Quién soy? Reflexión ante un espejo

A muchos esta pregunta nos causa terror. Es una pregunta que confronta y al mismo tiempo toca la fibra de nuestro ser, nuestra esencia. Ella obliga a mirar hacia adentro y pesar el corazón. ¿Cuántas veces, o con qué frecuencia, nos detenemos para mirar nuestro corazón?

La respuesta a la pregunta ¿quién soy? es la respuesta al problema de la identidad. No se puede vivir sin ella. Necesitamos tener una consciencia clara de nosotros mismos (¿qué es lo más importante para nosotros? ¿qué regla usamos para medir las cosas?) para poder conocer el significado y propósito de nuestra existencia. El terror de muchos consiste en que no estamos satisfechos con nuestra respuesta a la pregunta porque no estamos satisfechos con lo que somos. Un ejemplo del problema de identidad se hace evidente en la vestimenta. Antes, las etiquetas de la ropa estaban en su parte interior para indicar donde se hizo y su composición. Sin embargo, hoy están en la parte exterior, para que todas las vean y publicar así quienes somos (estatus).

Todos tenemos cosas que esconder y no estamos satisfechos con lo que somos. Todos hemos hecho cosas que no debimos hacer. Todos tenemos cosas que no queremos que conozcan de nosotros. Siendo honestos, no quisiéramos revelar esa dimensión de nosotros. Si somos honestos con nosotros mismos, no estamos satisfechos con lo que vemos y con lo que sería la respuesta, puesto que todos tenemos cosas que esconder.

Queremos ser otra cosa. Usamos nuestras experiencias y las imágenes que capturamos de nuestro medio para construir nuestra identidad. Tratamos de llegar a ser lo que creemos que debemos ser para estar completos y felices. ¿Pero de dónde obtenemos los moldes que usamos para construir nuestra identidad? Pablo, inspirado por el Espíritu Santo dijo en Romanos 12:2, “No os conforméis a este siglo, sino más bien transformaos por medio de la renovación de vuestra mente”. El siglo (La Matrix) [sistema organizado por el Príncipe de las Tinieblas] tiene un conjunto de moldes que aunque aceptados por nuestra sociedad y cultura, y muy agradables a la vista, nos alejan de la identidad que tenemos en Cristo. Tenemos que examinar cuidadosamente cada uno de los modelos que usamos (como si fueran vestidos) para asegurarnos que vienen del Creador de todas las cosas. La Biblia es el libro con los patrones correctos. Ella es la regla con la que debemos medir todas las cosas. Como dijo el salmista David “Ella es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

La respuesta filosófica/religiosa al problema de la identidad está basada en una de tres cosas o una combinación de ellas:

  1. Pensamiento (Epistemología): Tienes que manejar y dominar ciertas ideas – te darán la llave a los misterios de la vida y del universo.
  2. Sentimientos (Existencial): Tienes que buscar lo místico, involucrarte con ciertas experiencias y sentimientos – buscar esa experiencia o momento en la vida que defina tu existencia.
  3. Hacer (Pragmático): Tienes que hacer ciertas cosas y comportarte de cierta manera que te permita entender lo que eres y porque estás aquí.

Todas ellas soluciones basadas en ideas, sentimientos y obras. El lenguaje de los filosóficos es el equivalente secular de hablar en lenguas, solo que en este caso, ni aún los ángeles las entienden.

La Respuesta Cristiana

El cristianismo no se puede reducir a uno de estos tres sistemas o a una combinación de ellos. No puedes llegar a ser cristiano porque: (1) tienes cierto conocimiento (o aceptas ciertas doctrinas), (2) tienes una o varias experiencias místicas, o (3) haces ciertas cosas como: leer la biblia, visitar la iglesia o dar ofrendas (aun cuando Cristo dijo que por nuestros frutos nos conocerían). Jesús no vino a darnos un nuevo conocimiento de Dios, o una nueva experiencia de Dios o a enseñarnos a hacer cosas nuevas para impresionar a Dios.

El vino como Dios hecho hombre. La fe cristiana está fundada en ser. Conocer a Jesús es conocer la vida.

  • Por eso el evangelio de Juan dice “La palabra (Logos) se hizo hombre y habitó en medio de nosotros.” (Juan 1:14) – Cristo es todo lo que Dios tiene que decir.
  • Jesús define la vida en términos de conocerlo a él. Conocerlo no es una experiencia en la vida, es el momento de tener vida. Es pasar de muerte a vida. Triste pensar que la gente asume que tiene una vida en la que quiere estar feliz – cuando en realidad están muertos.
  • En Juan 6:28 se ve el enfoque pragmático: ¿Qué debemos hacer para hacer el trabajo (la obra) que Dios espera? Este tipo de pregunta ¿qué debemos hacer? es igual a preguntar ¿cómo debo de vivir, qué cosas tengo que hacer? La respuesta de Jesús fue en otra dirección, “Que creas en el que él ha enviado.” (Juan 6:29)

En las religiones como el Budismo, el Islamismo y otras, si se quita a su fundador, el sistema religioso permanece igual. ¿Podría Dios usar otra persona que no fuera Mahoma? Sí. Porque las instrucciones están en el sistema. Sin embargo, si se quita a Cristo, el cristianismo colapsa. El es la sustancia de su propia revelación. Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:6) Si quieres saber cómo es Dios, el dijo, mírenme a mí. (Juan 14:7) y “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” (Juan 14:9) La revelación de Dios es Cristo.

La pregunta ¿Quién eres? nos molesta. Sin embargo, tenemos que saber quiénes somos para alcanzar nuestro propósito en la vida. En la película Awakening [Williams y De Niro] Oliver Sachs – neurólogo de la Universidad de Oakland dice “Todos tenemos la noción intuitiva de que en un momento estábamos completos y que caímos de ese estado y hemos estado tratando de regresar a él. Eso es lo que estamos buscando en la vida. Depués de cien años de investigación y varios billones de dólares, la sicología solo ha llegado al capítulo tres de Génesis.

¿Quiénes somos? es una pregunta sobre nuestro corazón y sabemos que no podemos cambiarnos a nosotros mismos. El filósofo griego Aristóteles, 600 años antes de Cristo, pensando en cómo sería la ciudad perfecta, se hizo la siguiente pregunta, ¿qué pasaría si un hombre perfecto llegara a esa ciudad y fuera considerado un dios en medio de los hombres? Su respuesta, lo matarían, puesto que su mera presencia los haría conscientes de su maldad. En esta misma línea, la autora del personaje de Frankestein indica que él fue creado una bueno y benigno y que se fue contaminando (haciendo malo) a medida que observaba las personas y copiaba su conducta. En cierta parte del libro Frankestein dice “Las personas hacen cosas hermosas pero al mismo tiempo tienen la capacidad de hacer cosas monstruosas. Hemos sido creados a la imagen de un ser perfecto y caímos de su gracia.” Por cierto la autora del libro no era cristiana.

Sin embargo, Jesús dijo “Puedes tener una nueva identidad, si vienes a mí, serás una nueva criatura.” El cristianismo no es un estado mental, es un estado de ser (existir). Es entender lo que tu eres delante de Dios y lo que Cristo es. Seguros no por lo que hemos hecho, no porque tenemos una lista de: cosas hechas,  o experiencias sublimes o conocimientos teológicos). Sino más bien porque tengo al Espíritu Santo que es la garantía de que he nacido de nuevo.

Lo que Él es, es la solución a lo que somos. Ser cristiano no es un sistema de pensamiento, o un conjunto de experiencias o una manera de comportarse – es conocer a Cristo. Tenemos la seguridad de que vamos al cielo – no por lo que hemos hecho – es porque hemos recibido la nueva vida que Él da por su gracia. Jesús vino a transformar lo que somos. No vino a convertir la gente mala en buena sino a dar vida a los muertos. Dios nos continue bendiciendo y guiando para que hagamos lo que es agradable a Él.


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