La transexualidad

Dr. César A. Vázquez Muñiz

portavoz Puerto Rico por la Familia 787-366-1465

Somos seres sexuales desde que comenzamos a existir. Cuando se unieron el óvulo y el espermatozoide que nos dieron origen, en ese momento se definió el fundamento  básico de nuestra sexualidad que es el genético. Si fuimos concebidos como varones ese material genético estimuló la secreción de testosterona la cual organizó nuestro sistema genitourinario para que se desarrollara como masculino. Esa misma hormona, la testosterona, afectó también la organización de nuestro cerebro. En ausencia de testosterona o si esta no puede ejercer su efecto, la criatura se va a desarrollar como hembra.  Cuando una criatura nace no se le asigna un sexo de manera caprichosa. El sexo no es sino la descripción de la genitalia con la que nace. Los varones nacen con un pene y las hembras con vagina. No se necesitan estudios universitarios para hacer esto. Se ha venido haciendo desde tiempos inmemoriales. Esto no es cultura, es biología. Lo anteriormente descrito nos reafirma en la idea de que la sexualidad primariamente es una característica del cuerpo, de lo físico. A todo lo anterior se le añade una dimensión subjetiva,  que pudiéramos catalogar como emocional y otra dimensión colectiva, que podemos llamar social. En la niñez definimos nuestra identidad sexual siendo influenciados por el entorno inmediato, entiéndase  el hogar y la familia. Con el pasar de los años empezamos a recibir otras influencias que afectarán la visión que tengamos de nosotros mismos como seres sexuales. Cuando llegamos a la pubertad entonces empezamos a sentir eso que llamamos atracción sexual o erótica hacia el sexo opuesto. Esto es lo normal. Aunque de manera somera, esta es la historia de la mayoría de las personas en todas las culturas a través de las edades.

Para algunos esta historia está alterada. Emocionalmente se sienten del sexo opuesto a su sexo biológico. A esta persona se le denomina como transgénero. Debe ser conflictivo y trágico sentir que tenemos el cuerpo equivocado. ¿Por qué ocurre esto? No hay una respuesta definitiva o de consenso científico que vaya más allá de consideraciones puramente ideológicas. Pueden haber múltiples factores de los cuales probablemente el más importante es la influencia de los padres o del entorno inmediato del niño. Repito que debe ser desgarrador vivir con este conflicto y lo primero que merecen aquellos que sufren esta agonía diaria es nuestra compasión. Sin embargo nuestra respuesta posterior a esta tragedia existencial depende de cómo veamos esta realidad. Sentirnos de un sexo diferente al de nuestro cuerpo ¿es un desarrollo saludable emocionalmente o por otro lado es un proceso de distorsión o confusión respecto a nuestra identidad sexual? Si el sexo es una característica del cuerpo, de lo físico, ¿podemos postular una sexualidad del alma desvinculada del cuerpo?

Si alguien es blanco y dice ser negro, ¿qué diríamos de esta persona? “Que está fuera de la realidad” sería la respuesta de muchos. Otros dirían, “que se mire en el espejo”. Dudaríamos de su cordura. Si yo alego que soy francés y que nací en París cuando en realidad nací en Puerto Rico, ¿qué dirían de mí? Aparte de negar mi patria, ¿cambiaría mi realidad el cambiar el certificado de nacimiento? ¿Puedo cambiar el día en que nací, la hora, el peso al nacer, la condición general con la que nací mejor conocida como Apgar y el nombre del hombre y la mujer que me dieron la vida meramente porque no estoy de acuerdo con esa información? Podría alegar que alguien se equivocó, pero tengo que demostrarlo. No basta el capricho personal o el cambio posterior en mis circunstancias personales.

Negar la sexualidad de nuestro cuerpo es estar confundidos respecto a nuestra identidad sexual. Alterar la forma de nuestro cuerpo para asemejarnos al sexo contrario, el llamado transexualismo, es mutilarnos a nosotros mismos. De todas formas no podemos cambiar la realidad de que cada célula de nuestro cuerpo ya tiene un sexo definido al nacer. Lo peor de todo es que aunque parezcamos ser del sexo opuesto al que nacimos, todavía caminaremos por la vida con una confusión de espíritu que no se resuelve por una mera cirugía estética. Un estudio reciente en Suecia  demostró en aquellos que se habían realizado una cirugía de cambio de sexo una mortalidad general aumentada y particularmente en las muertes por  suicidio. El suicidio fue 19 veces mayor en ellos que en el grupo control. Este grupo también tuvo riesgo aumentado para intentos suicidas y para hospitalizaciones psiquiátricas al compararse con el grupo control. Los autores concluyen que la cirugía de reasignación de sexo “ puede que no sea suficiente como tratamiento para el transexualismo” (traducción personal)1. Dentro de la libertad personal pueden operarse si así lo deciden. Pero como sociedad no tenemos que darlo por correcto ni mucho menos hacernos cómplices de la mentira legalizada que es alterar el certificado de nacimiento. Cambiar un documento histórico porque no nos conviene la verdad que relata es el comportamiento típico de las dictaduras. ¿Hasta dónde vamos a llegar para satisfacer los caprichos de los individuos y afirmar sus decisiones de vida, por bizarras que sean?

Debemos respetar a las personas transgénero y a los transexuales sin que esto implique aprobación a su estilo de vida. No tienen por qué ser objeto de violencia. Tenemos que garantizarles los mismos derechos que al resto de la población. Eso incluye el derecho a trabajar legítimamente. Pero no pueden exigir derechos especiales por su conflicto de identidad sexual. Es innegable que su conducta los pone en una posición de vulnerabilidad, un callejón sin salida, que va más allá del ámbito legal. Sin embargo, el precio de la comprensión y la compasión ante esta realidad no pueden ser la complicidad y la mentira. La única oportunidad, como individuos o como pueblo, de tener éxito ante los retos de la vida es enfrentando la realidad con valentía. La verdad es la correcta comprensión de esa realidad.

1. Long-Term Follow-Up of Transsexual Persons Undergoing Sex Reassigment Surgery: Cohort Study in Sweden; C Dhejne et al, February 2011, www.plosone.org

Equidad de género

Dr. César A. Vázquez Muñiz
portavoz Puerto Rico por la Familia, 787-366 -1465

Puerto Rico por la Familia está de acuerdo con el propósito de la ley 108 del 2006. Creemos que el hombre y la mujer son iguales en dignidad, y deben ser iguales ante el derecho y ante las oportunidades que la vida brinda. Esto es un asunto de justicia fundamental en una sociedad. Estamos de acuerdo en que se analicen y se cambien aquellas estructuras o procesos que permitan o promuevan la desigualdad entre el hombre la mujer. Queremos recalcar que equidad de género es un fin loable para nuestra sociedad pero perspectiva de género es una ideología que siembra confusión en los niños respecto a su identidad sexual. De hecho la ley 108 de lo que habla es de enseñar equidad de género para erradicar en última instancia la violencia doméstica. Y repito con esto estamos de acuerdo. Rechazamos el término de fundamentalistas pues esto es un lenguaje derogatorio que etiqueta a un grupo de personas por su posición moral particular. Por un lado se habla de respeto pero por otro lado se utiliza lenguaje que es irrespetuoso.

Le comunicamos al señor Secretario de Educación y a la Procuradora de las Mujeres que en lo personal y como organización estamos dispuestos a participar en la creación del currículo y le solicitamos nos permita ver el mismo antes de ser implementado. Se supone que todo se haya a la luz del día y con transparencia. Queremos recordarle a ambos que la mayoría de las mujeres en Puerto Rico pertenecen a la iglesia. ¡Tenemos un compromiso con todos… y todas!

Violencia de género o… ¿violencia en general?

Dr. César A. Vázquez Muñiz
portavoz Puerto Rico por la Familia 787-366-1465

Vivimos en una sociedad violenta. No solo hay violencia  contra los más vulnerables, hay también violencia en las ideas que se le comunican a un pueblo. Aparte de promover la agresión física y verbal, violencia contra un pueblo es distorsionar la realidad y comunicarle medias verdades. La gente vive según piensa. Mentirle atenta contra su vida. Un pueblo necesita la verdad sobre su realidad para poder enfrentar sus problemas. Mentirle lo hunde en la tragedia.

A Puerto Rico se le ha mentido sobre la violencia doméstica. De violencia doméstica nos cambiaron el término a violencia de género dando a entender que la violencia es del hombre contra la mujer. Sin embargo, la ley 54 claramente habla de la desigualdad entre el hombre y la mujer en el matrimonio o en  relaciones cuasi matrimoniales. Hablar de violencia de género de alguna manera implica a todos los hombres contra todas las mujeres. Es alimentar la idea de que existe este antagonismo fundamental entre el hombre y la mujer. Esto es teoría feminista radical. Y la solución que plantea este pensamiento feminista es eliminar las diferencias entre ambos. Es postular que todas las diferencias son aprendidas o lo que es lo mismo, impuestas por la sociedad. Incluyendo la sexualidad y para algunos, hasta la maternidad. En última instancia, lo que se persigue es que los hombres dejemos de ser hombres.

Si la violencia es del hombre contra la mujer…¿por qué las querellas contra mujeres que maltratan a sus compañeros han ido en aumento, entre 16 a 18 porciento de la totalidad? ¿Por qué entonces hay tanta violencia entre parejas homosexuales? La violencia entre homosexuales está entre 30 al 40 porciento de las parejas, más alta que en parejas heterosexuales. Los números no son de aquí; aquí no hay estadísticas de nada. Si la violencia solo es del hombre hacia la mujer, me imagino que entre parejas de mujeres no debe ser así. Si…¡y la luna es de queso y se come con melao! ¡Entre las lesbianas hay tanta violencia como entre las parejas hombre-mujer! Hay múltiples estudios al respecto, con diferentes definiciones y metodologías. Pero todos demuestran la realidad de que la violencia en la pareja es un ejemplo especial de la experiencia humana general de que el fuerte maltrata al débil. Sin embargo, aunque la mayoría de los hombres son mas fuertes que sus esposas e hijos, estos hombres usan esa fuerza para protegerlos y proveerles en sus necesidades. Darían sus vidas por ellos. Así fue mi padre y así son la mayoría de los hombres que conozco.

Si uno conoce lo anterior entonces entiende por qué la enseñanza de perspectiva de género no resuelve el problema. Esta es una ideología que pretende cambiar los valores respecto a la sexualidad de nuestro pueblo. Para justificar su imposición se distorsiona la realidad sobre la violencia doméstica. Violencia que es real y trágica, pero que no es la única ni la de mayor envergadura. Que es importante, pero hay otra violencia más apremiante. Violencia que incluye la mentira sistemática por parte de un gobierno con la complicidad de algunos medios de comunicaciones.

Tenemos como pueblo que renunciar a la violencia para solucionar conflictos. Tenemos que aprender a respetar a aquellos con quienes diferimos. Tenemos que aprender que el valor de los demás no depende de que estén de acuerdo conmigo. ¡Las personas valen más que sus ideas! Sobretodo tenemos que tener un profundo compromiso con la verdad. Aunque no sea del todo agradable. Solo así tendremos la esperanza de construir un mejor futuro.

¿Cómo la Iglesia Debe Manejar la Voilencia contra la Mujer?

Miltón Picón

La semana pasada leía un artículo del autor cristiano Rusell Moore sobre la violencia doméstica que encontré muy valioso y relevante a los que vemos y escuchamos diariamente en nuestros medios de comunicación relacionado a la violencia desatada contra la mujer. Decidí compartir algunos de esos pensamientos con ustedes hoy.

Sin lugar a dudas, la violencia del varón hacia la mujer es un problema real dentro de nuestra cultura, un problema al que tenemos que enfrentar. Nuestra responsabilidad no se queda simplemente en el nivel de justicia social, sino también tiene que llegar a los niveles de justicia eclesial, o sea, justicia dentro de la propia iglesia. En el pasado escuchaba este tipo de comentario cuando se trataba de violencia o abuso de naturaleza sexual, no solo contra la mujer, sino también en contra de los hijos: “estos asuntos no se pueden hablar, ni denunciar, porque escandalizan la obra de Dios”. Cuando escuchaba esto, confrontaba a los que lo decían, diciéndoles que deberían de tener más preocupación para con las víctimas y en escandalizar a un Dios Santo y Justo que tratar de ocultar y encubrir un pecado y un pecador, porque esa es la realidad.

Tengo que admitir por otro lado que en los pasados años he visto más interés en iglesias a lo largo y lo ancho del país de traer conferencias y charlas sobre el tema de violencia doméstica. Una buena mayoría de las iglesias en este país tienen lo que se llama la “Semana de la Educación“, en donde precisamente cada día se toca un tema específico. Cada vez que voy a una iglesia a ofrecer alguna charla y me dan el programa de la semana, por lo general veo la violencia doméstica como uno de los temas tratados. Eso es alentador.

Debemos todos, aunque muchos ya lo hacen, enseñar desde nuestros pulpitos, desde nuestras escuelas dominicales, y desde nuestras escuelas de verano que la mujer debe ser amada, honrada y protegida por el hombre. Esto significa que debemos de enseñarle a los hombres a rechazar estas enseñanzas de la sociedad de consumo que presenta al hombre en la cultura norteamericana como un “Playboy”, y en nuestra cultura latinoamericana como el “macho”, y rechazar esto a la luz de que el hombre un día le dará cuentas a Dios por el trato y cuido que le dispenso a su familia. También enseñarle a la mujer que un hombre que la golpea es un hombre que está entregando y renunciando el sacerdocio y el liderato de su hogar, y que después de eso lo que le queda al hombre es enfrentarse, no solo a la justicia pública del estado, sino también a la justicia y disciplina de la iglesia local.

La disciplina de la iglesia contra el hombre abusador y maltratante debe ser clara y consistente. Debemos estar al lado de la mujer y en contra de varones depredadores en áreas como abandono, divorcio y negligencia. Debemos de entrenar al hombre, y a la mujer desde su niñez y a través de lo que se nos enseña en la Palabra en Tito 2:1-8: Lo que digas debe estar siempre de acuerdo con la sana enseñanza. 2 Los ancianos deben ser serios, respetables y de buen juicio; sanos en su fe, en su amor y en su fortaleza para soportar el sufrimiento. 3 Igualmente, las ancianas deben portarse con reverencia, y no ser chismosas, ni emborracharse. Deben dar buen ejemplo 4 y enseñar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, 5 a ser juiciosas, puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sujetas a sus esposos, para que nadie pueda hablar mal del mensaje de Dios. 6 Anima igualmente a los jóvenes a ser juiciosos 7 en todo, y dales tú mismo ejemplo de cómo hacer el bien. Al enseñarles, hazlo con toda pureza y dignidad, 8 hablando de una manera sana, que nadie pueda condenar. Así sentirá vergüenza cualquiera que se ponga en contra, pues no podrá decir nada malo de nosotros”. Este pasaje al igual que otros en la Biblia, podría ser considerado como machista para muchas organizaciones feministas, pero es lo que nos enseña la Palabra de Dios. Gálatas 3:28 dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. En este último verso la Biblia expresamente habla de la igualdad entre el hombre y la mujer ante Dios. Es uno de los versos más liberadores que se encuentran en la Biblia en relación a la mujer, y que pone en perspectiva otros pasajes. El modelo que enseña la Biblia para el varón es uno donde este ha crucificado su materialismo egoísta,  ha crucificado sus fantasías libidinosas, su fuerte temperamento y sus rabietas y berrinches, en orden de ser una persona que propicie un amoroso cuidado de su esposa. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos varones, desde pequeños que un día darán cuenta delante de Cristo por cada palabra y por cada acto de insensibilidad. Nací en un hogar cristiano, donde mi padre me enseñó en todo tiempo que a la mujer no se le podía tocar (agredir física o verbalmente) y su enseñanza fue reforzada por el ejemplo que dio en su trato con su esposa, mi madre.

Pero no solo debemos de enseñar en la casa y en la iglesia, sino también en el campo público. Ahí también tenemos que ejercer positivamente nuestra responsabilidad de apoyar leyes que protejan la mujer. Debemos de exigir que el estado procese a los abusadores de mujeres y niños de una forma tal que envíen un mensaje claro al resto de la sociedad de que el abuso y el maltrato, es totalmente inaceptable y repugnante.

Debemos igualmente reconocer las penurias económicas que sufren madres solteras a causa del abandono, la irresponsabilidad y de la “listeria” de muchos hombres que luego de procesos de divorcios, siguen viendo a sus exparejas como objetos, o personas a las que pueden castigar y seguir victimizando a través de causarle penurias económicas. Esto no quiere decir que vamos a avalar que el estado victimice nuevamente a mujeres convirtiéndoles en “reinas del mantengo” que no pueden salir hacia adelante en la vida aprovechando todos sus talentos, estudios y el duro y campeonil trabajo de levantar familias casi completamente solas.

Podemos inclusive apoyar iniciativas de grupos que están a favor de los derechos de la mujer en aquellos asuntos en donde no se vulneren nuestras creencias y valores cristianos.  Hay campañas en contra del hostigamiento sexual y de la explotación sexual a través de la prostitución o la esclavitud en las que podemos hacer causa común con otras organizaciones.

Creemos y debemos de abogar por estos currículos y estudios que hablan de la complementariedad de los sexos, dejando claro que cuando el hombre se convierte en un abusador pierde parte de sus roles como proveedor y protector.

Con el aumento de disfunciones en nuestra sociedad (violencia, consumismo desmedido, la sexualización de todo) y su ya acostumbrada aceptación, a veces nos corremos el riesgo de crear un ambiente cultural más atenuado en relación a estas lacras sociales. Como iglesia debemos de repudiar todos los extremos, desde el machismo hasta los extremos del feminismo de género que quiere hacer desaparecer todas y cada una de las distinciones reales entre hombres y mujeres.

Como iglesia, debemos de ser siempre contra culturales, una iglesia que llame a orden a sus varones, que los haga responsables del verdadero liderato que deben de modelar con palabras y acción, un liderato que proteja la mujer y que los lleve al punto de amarlas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, como lo enseña la Palabra en Efesios 5:25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,..”.

 Para la violencia doméstica, la consigna es, CERO TOLERANCIA.

NO VIOLENCIA DOMÉSTICA

NO VIOLENCIA DOMÉSTICA

Violencia contra la mujer

Dr. César A. Vázquez Muñiz
portavoz Puerto Rico por la Familia, 787-366 -1465

La manifestación más vergonzosa de violencia en la sociedad es la violencia doméstica. Con demasiada frecuencia se nos despierta a la realidad trágica de la muerte de una mujer a manos de un hombre con quien convivía. Cada vez que esto ocurre se levantan las mismas voces exigiendo un currículo de equidad de género en la educación pública.

Como en casi todo reina la desinformación sobre este y otros asuntos. Lo primero es que las muertes por violencia doméstica se han mantenido fluctuando entre 16 a 32 por año durante los últimos 20 años. Casi todas las víctimas han sido mujeres. Durante ese mismo periodo de tiempo los asesinatos han estado entre 700 a casi 1000 por año, siendo más del 95% varones jóvenes entre los 18 a 35. Casi todos pobres y de poca escolaridad. Muchos de ellos desertores escolares. No es cierto que las muertes por violencia doméstica estén aumentando ni tampoco es cierto que este sea el principal problema de violencia. No estoy diciendo que no sea importante. Estoy diciendo que en términos numéricos los asesinatos en Puerto Rico son casi 50 veces más que las muertes por violencia doméstica. Pero no escuchamos voces que la denuncien de manera enérgica. Tampoco vemos un esfuerzo dramático por parte de las autoridades, ya sea el legislativo o el ejecutivo, para resolverlo. La policía como siempre da la vida cada día por nuestro país.

¿Qué cosas no se dicen sobre la violencia doméstica? No se dice que la mayoría de los casos se resuelven, a diferencia de los asesinatos en general, que cerca del 60% quedan sin resolver. No se dice que más de las de la mitad de las mujeres que mueren son asesinadas por hombres con quienes no estaban casadas. Aunque las parejas de hecho son menos de una tercera parte de las convivencias entre un hombre y una mujer, sin embargo son responsables de más de la mitad de las muertes por violencia doméstica. Como sociedad hemos creado el derecho de irnos a vivir con quien queramos sin casarnos, pero no queremos enfrentar la realidad de que esas relaciones de bajo compromiso son de mayor peligro para la mujer y para los niños.

Muchos repiten que el problema está en la educación. Como si la violencia  doméstica sólo ocurriera entre aquellos con poca escolaridad. Como si la violencia fuese el fruto meramente de las ideas. De todas maneras se insiste en enseñar equidad de género en el sistema público. Yo pensaba que siempre se había enseñado que el hombre y la mujer tienen la misma dignidad, que deben tener los mismos derechos ante la ley y las mismas oportunidades ante la vida. A mi no me enseñaron otra cosa en donde estudié. La mayoría de mis maestros fueron mujeres abnegadas a quienes respeto y de quienes vivo agradecido. Nunca se nos enseñó que había unos estándares de excelencia diferentes para hombres y otro para mujeres. Nunca se nos enseñó que habían unas profesiones que eran privativas para los hombres y otras para las mujeres. Mucho menos se insinuó que la mujer era inferior al hombre o que existía para servir al hombre.

¿Dónde se nos enseñó a mirar a la mujer como un objeto que sólo sirve para brindar placer al hombre? En la pornografía, en la música, en el cine y en la televisión. Han sido ellos quienes han explotado los encantos del cuerpo femenino por razones económicas. A esto también contribuyeron algunos padres con una noción equivocada de lo que es masculinidad y hombría. La pornografía por Internet ha venido a empeorar la situación. Pero por otro lado, casi todo se vende asociándolo al cuerpo de una mujer. Sobre esta realidad nadie protesta.

La iglesia por el contrario le ha enseñado al hombre que la mujer es igual a él en dignidad y merece ser tratada con respeto. Se le ha enseñado al hombre casado que la mujer es su primer prójimo y que debe amarla como Cristo amó a la iglesia y estuvo dispuesto a morir por ella. ¡Dios no escucha la oración de aquel que maltrata a su esposa! La realidad es que la llegada del Evangelio a la vida de
un hombre ha sido la razón para que cientos de miles de mujeres recuperaran a su esposo y de igual manera cientos de miles de niños recuperaran a su padre. Cuando Dios transforma el corazón, se transforman también las relaciones. El fruto del Espíritu es mansedumbre.

La realidad es que la violencia doméstica nace de la incapacidad para manejar los conflictos emocionales que se dan en la vida de pareja y por la utilización de la violencia como solución a los conflictos. Nace de los ejemplos recibidos en la niñez. Nace de las heridas que se generan en la relación, de la falta de comunicación efectiva, de una hostilidad que va en aumento, de la frustración, de la sensación de abandono y de traición. Si a esto le añadimos el efecto del alcohol y la sospecha de infidelidad podemos terminar en tragedia. Que estemos claros, nada de esto justifica la violencia. Nadie se debe sentir dueño de su pareja. Nadie debe morir a manos de aquel con quien sostiene una relación íntima. Pero postular que enseñarle a los niños unas ideas sobre la relación hombre mujer, va a cambiar esta realidad, me parece que es sobre simplificar el problema.

Dicho todo lo anterior, estamos dispuestos a participar en la enseñanza de equidad entre el hombre y la mujer. Esa es la justicia que queremos para nuestros niños y nuestras niñas. Queremos insertarnos en la creación y evaluación del currículo. Si realmente el propósito es disminuir esta terrible realidad queremos participar en este esfuerzo. ¡A paz nos llamó Dios!