¿Cómo la Iglesia Debe Manejar la Voilencia contra la Mujer?

Miltón Picón

La semana pasada leía un artículo del autor cristiano Rusell Moore sobre la violencia doméstica que encontré muy valioso y relevante a los que vemos y escuchamos diariamente en nuestros medios de comunicación relacionado a la violencia desatada contra la mujer. Decidí compartir algunos de esos pensamientos con ustedes hoy.

Sin lugar a dudas, la violencia del varón hacia la mujer es un problema real dentro de nuestra cultura, un problema al que tenemos que enfrentar. Nuestra responsabilidad no se queda simplemente en el nivel de justicia social, sino también tiene que llegar a los niveles de justicia eclesial, o sea, justicia dentro de la propia iglesia. En el pasado escuchaba este tipo de comentario cuando se trataba de violencia o abuso de naturaleza sexual, no solo contra la mujer, sino también en contra de los hijos: “estos asuntos no se pueden hablar, ni denunciar, porque escandalizan la obra de Dios”. Cuando escuchaba esto, confrontaba a los que lo decían, diciéndoles que deberían de tener más preocupación para con las víctimas y en escandalizar a un Dios Santo y Justo que tratar de ocultar y encubrir un pecado y un pecador, porque esa es la realidad.

Tengo que admitir por otro lado que en los pasados años he visto más interés en iglesias a lo largo y lo ancho del país de traer conferencias y charlas sobre el tema de violencia doméstica. Una buena mayoría de las iglesias en este país tienen lo que se llama la “Semana de la Educación“, en donde precisamente cada día se toca un tema específico. Cada vez que voy a una iglesia a ofrecer alguna charla y me dan el programa de la semana, por lo general veo la violencia doméstica como uno de los temas tratados. Eso es alentador.

Debemos todos, aunque muchos ya lo hacen, enseñar desde nuestros pulpitos, desde nuestras escuelas dominicales, y desde nuestras escuelas de verano que la mujer debe ser amada, honrada y protegida por el hombre. Esto significa que debemos de enseñarle a los hombres a rechazar estas enseñanzas de la sociedad de consumo que presenta al hombre en la cultura norteamericana como un “Playboy”, y en nuestra cultura latinoamericana como el “macho”, y rechazar esto a la luz de que el hombre un día le dará cuentas a Dios por el trato y cuido que le dispenso a su familia. También enseñarle a la mujer que un hombre que la golpea es un hombre que está entregando y renunciando el sacerdocio y el liderato de su hogar, y que después de eso lo que le queda al hombre es enfrentarse, no solo a la justicia pública del estado, sino también a la justicia y disciplina de la iglesia local.

La disciplina de la iglesia contra el hombre abusador y maltratante debe ser clara y consistente. Debemos estar al lado de la mujer y en contra de varones depredadores en áreas como abandono, divorcio y negligencia. Debemos de entrenar al hombre, y a la mujer desde su niñez y a través de lo que se nos enseña en la Palabra en Tito 2:1-8: Lo que digas debe estar siempre de acuerdo con la sana enseñanza. 2 Los ancianos deben ser serios, respetables y de buen juicio; sanos en su fe, en su amor y en su fortaleza para soportar el sufrimiento. 3 Igualmente, las ancianas deben portarse con reverencia, y no ser chismosas, ni emborracharse. Deben dar buen ejemplo 4 y enseñar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, 5 a ser juiciosas, puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sujetas a sus esposos, para que nadie pueda hablar mal del mensaje de Dios. 6 Anima igualmente a los jóvenes a ser juiciosos 7 en todo, y dales tú mismo ejemplo de cómo hacer el bien. Al enseñarles, hazlo con toda pureza y dignidad, 8 hablando de una manera sana, que nadie pueda condenar. Así sentirá vergüenza cualquiera que se ponga en contra, pues no podrá decir nada malo de nosotros”. Este pasaje al igual que otros en la Biblia, podría ser considerado como machista para muchas organizaciones feministas, pero es lo que nos enseña la Palabra de Dios. Gálatas 3:28 dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. En este último verso la Biblia expresamente habla de la igualdad entre el hombre y la mujer ante Dios. Es uno de los versos más liberadores que se encuentran en la Biblia en relación a la mujer, y que pone en perspectiva otros pasajes. El modelo que enseña la Biblia para el varón es uno donde este ha crucificado su materialismo egoísta,  ha crucificado sus fantasías libidinosas, su fuerte temperamento y sus rabietas y berrinches, en orden de ser una persona que propicie un amoroso cuidado de su esposa. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos varones, desde pequeños que un día darán cuenta delante de Cristo por cada palabra y por cada acto de insensibilidad. Nací en un hogar cristiano, donde mi padre me enseñó en todo tiempo que a la mujer no se le podía tocar (agredir física o verbalmente) y su enseñanza fue reforzada por el ejemplo que dio en su trato con su esposa, mi madre.

Pero no solo debemos de enseñar en la casa y en la iglesia, sino también en el campo público. Ahí también tenemos que ejercer positivamente nuestra responsabilidad de apoyar leyes que protejan la mujer. Debemos de exigir que el estado procese a los abusadores de mujeres y niños de una forma tal que envíen un mensaje claro al resto de la sociedad de que el abuso y el maltrato, es totalmente inaceptable y repugnante.

Debemos igualmente reconocer las penurias económicas que sufren madres solteras a causa del abandono, la irresponsabilidad y de la “listeria” de muchos hombres que luego de procesos de divorcios, siguen viendo a sus exparejas como objetos, o personas a las que pueden castigar y seguir victimizando a través de causarle penurias económicas. Esto no quiere decir que vamos a avalar que el estado victimice nuevamente a mujeres convirtiéndoles en “reinas del mantengo” que no pueden salir hacia adelante en la vida aprovechando todos sus talentos, estudios y el duro y campeonil trabajo de levantar familias casi completamente solas.

Podemos inclusive apoyar iniciativas de grupos que están a favor de los derechos de la mujer en aquellos asuntos en donde no se vulneren nuestras creencias y valores cristianos.  Hay campañas en contra del hostigamiento sexual y de la explotación sexual a través de la prostitución o la esclavitud en las que podemos hacer causa común con otras organizaciones.

Creemos y debemos de abogar por estos currículos y estudios que hablan de la complementariedad de los sexos, dejando claro que cuando el hombre se convierte en un abusador pierde parte de sus roles como proveedor y protector.

Con el aumento de disfunciones en nuestra sociedad (violencia, consumismo desmedido, la sexualización de todo) y su ya acostumbrada aceptación, a veces nos corremos el riesgo de crear un ambiente cultural más atenuado en relación a estas lacras sociales. Como iglesia debemos de repudiar todos los extremos, desde el machismo hasta los extremos del feminismo de género que quiere hacer desaparecer todas y cada una de las distinciones reales entre hombres y mujeres.

Como iglesia, debemos de ser siempre contra culturales, una iglesia que llame a orden a sus varones, que los haga responsables del verdadero liderato que deben de modelar con palabras y acción, un liderato que proteja la mujer y que los lleve al punto de amarlas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, como lo enseña la Palabra en Efesios 5:25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,..”.

 Para la violencia doméstica, la consigna es, CERO TOLERANCIA.

NO VIOLENCIA DOMÉSTICA

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