Miembro de la Junta Editorial del Nuevo Día Ataca y Difama la Iglesia

Por Milton Picón Díaz

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En uno de sus acostumbrados arranques de odio hacia la iglesia y sus doctrinas, vuelve la escritora y periodista Mayra Montero a escribir una pieza de estiércol periodístico. Y lo hace como es su costumbre, “tirando de la vaqueta”, sin estadísticas, ni pruebas que sustenten lo que escribe y si con el deseo de vomitar sus prejuicios a través de una empresa periodística que le abre el foro para que lo haga y la aplaude.

El domingo 1 de diciembre desde su sección fija en dicho periódico, llamada “Antes que llegue el lunes”, la Montero pretende echarle la culpa a la iglesia del brote criminal de violencia doméstica que se está dando en el país. Dice esta señora unas cosas que quien no conociera sus prejuicios contra la iglesia, podría hasta pensar que es cierto, que la iglesia en este país no está haciendo su aportación a esta problemática social, que  los pulpitos de este país están mudos en relación al problema de la violencia doméstica. Que lo único en que piensan las iglesias y sus líderes es en el control de la mujer a través de la doctrina de la “sumisión” y recoger los diezmos y ofrendas. El caso es que el difamador que dispara de la vaqueta comete serios errores de juicio. Mayra Montero dice que se dejaría cortar el cuello si ese tema se toca desde los púlpitos. ¡Wow, que audaz la señora! Con que facilidad una persona pone en  riesgo su propio cuello. ¿Qué haría una persona cuerda y sensata, aún hasta prejuiciada, pero que no va a poner su reputación o credibilidad en la línea escribiendo una imbecilidad? Se sienta, toma el teléfono, o pide los números telefónicos de algunos de los líderes religiosos que se han sentado frente a ella, junto a los directivos y dueños del propio periódico El Nuevo Día en más de tres ocasiones y los llama y corrobora si los mismos tocan o no el tema de la violencia doméstica en sus iglesias. Y luego de escucharlos podría tener o no algo de evidencia para sostener lo que publicó El Nuevo Día el domingo. Pero, eso es mucho pedir a una prejuiciada. El que tiene una agenda de odio no pregunta, porque no le interesa conocer la verdad, vive solo para seguir alimentando su prejuicio. Como yo soy uno de los que estuvo sentado frente a usted en alguna de esas reuniones, le tengo que decir que como líder religioso tengo que hablar de todo lo que ocurre en el país y eso incluye el problema de la violencia doméstica. He predicado del tema, he dado estudios bíblicos y he dicho desde el púlpito que mi postura sobre la violencia doméstica se resume en dos palabras: CERO TOLERANCIA. En los retiros que solo asisten varones, se les ha hecho claro de que las enseñanzas de la Biblia sobre el tema de la llamada “sumisión” no incluye el maltrato ni físico, ni verbal, ni emocional y que lo mejor que puede hacer un varón con un problema de control o de violencia es acercarse a tiempo a buscar ayuda, antes de que se acerque una fémina a llamarme la atención sobre este tipo de problemática o que alguien me llame la atención de que está ocurriendo algo en esa dirección. A los varones les digo claramente que orientaría a sus parejas sobre lo que dice la Ley 54 y exhortaría a la mujer a tomar acción sobre el particular.

En mi iglesia, y en muchísimas más en este país se habla de la igualdad, se habla de lo que dice la Biblia acerca de la igualdad y complementariedad entre los sexos, eso sí fomenta la paz y concordia entre los sexos. Lo que si denunciamos es lo que enseñan los grupos feministas y feminazis acerca del tema o lo que proponen grupos de lesbianas odiadoras de hombres como alternativa al problema de “violencia de género” (como estas le llaman). Las nuevas propuestas de estos activistas sexuales, alentados, animados y financiados indirectamente por empresas como El Nuevo Día lo que hacen es exacerbar la nueva lucha de clases en el nuevo marxismo cultural, donde la lucha va más allá de ricos vs pobres, ahora es mujeres vs hombres. Los muy ignorantes están tan ciegos que no pueden ver que su ”nueva” fórmula (la que vienen empujando hace décadas ) no promueve en forma alguna el cese de la violencia doméstica o el freno de esta lacra social, sino todo lo contrario, la fomenta.

Un dato que vale la pena comentar de la bazofia escrita por la Montero es una línea en donde señala que aboga por que la “mujer entre y salga cuanto le dé la gana”. Curiosa e irónica la afirmación. Existe otra lacra social que afecta el país y que lleva por nombre “machismo” ( que en nada tiene que ver con lo que es verdadera hombría, sino más bien con el comportarse como los animales guiados por los impulsos e instintos y no por el raciocinio ) y que tiene como problema precisamente la afirmación de la Montero en relación a la mujer y es que, el hombre tiene el derecho de entrar y salir cuanto le dé la gana, divorciado de la responsabilidad y compromiso hacia la mujer. ¿De qué  hablan las nuevas feministas? ¿De sustituir el “machismo” por  un nuevo “hembrismo”? ¿Vamos a acabar la violencia doméstica de esa forma, con estas propuestas?

En lo único que tiene razón Mayra Montero, es en el reconocimiento de que han sido nuestros grupos (nos llama “los fundamentalistas”) los responsables de dinamitar las propuestas que han hecho lo(a) s activistas sexuales las últimas décadas. Lo que Mayra Montero llama “buenas propuestas”, que no es otra cosa de los currículos del “free for all sexual” y la ideología de perspectiva de género no pasan de ser ideas estúpidas, morónicas y que rayan en la imbecilidad. Ideas producidas por gente de mente tan y tan abierta que no se han dado cuenta de que al abrir tanto sus mentes se les cayó el cerebro en el camino y lo perdieron.

Además de atacar la iglesia, la Montero le echa otra buena parte de la culpa a los padres del país, que influenciados por sus pastores, no quieren darle paso a las ideas progresistas y de mente abierta que propone ella y sus socios en “El Nuevo Día”. ¡Bravo, por los padres consientes de este país! ¿Quién puede constituirse en la mejor línea de defensa de los niños de este país, que los propios padres? Esa es la rabia que le tiene El Nuevo Día, algunos de sus periodistas y directores a la iglesia en Puerto Rico. Cada vez que vienen impulsando ideas destructivas para tomar el control de la educación de los niños en este país, como ocurrió recientemente con el asunto del Plan Decenal, les sale la iglesia al paso y los detiene una y otra vez.

La Montero termina su “pieza periodística” diciendo que había que declararle la guerra a la sumisión. El que ha leído el artículo en todo su contexto sabe que lo que realmente está diciendo es que hay que declararle la guerra a la religión, a la Iglesia, a los pastores y en última instancia a la misma Biblia.

El problema que va a tener la Montero, como lo han tenido otros personajes a través de la historia es que “las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia de Jesucristo”.

El problema que tiene la Junta Editorial del Nuevo Día es que una guerra de esa naturaleza nunca la van a ganar. Y en la medida que lo que esté en juego sea la educación de nuestra niñez, estos personajes se van a dar cuenta de que la lucha va a escalar en una forma en que ellos no pueden ni siquiera imaginarse. Porque cuando se trata de defender a la niñez de este país los padres los defienden con uñas y dientes y aquellos que quieran hacerle daño a sus hijos serán confrontados como lo que son, no como gente con opiniones diferentes, sino gente que se constituyen en verdaderos enemigos de lo bueno.

En una NOTA futura escribiré acerca de lo que dice la Biblia sobre la igualdad y la complementariedad de los sexos, versus lo que inventan personas en la Academia y en los Medios Masivos de Comunicación sobre lo que ellos piensan que dice la Biblia. Todo con el propósito de demoler los mitos de que la Biblia promueve la desigualdad y la desventaja hacia la mujer. Hablaremos también de la guerra solapada que elementos en la sociedad vienen haciendo en contra de los niños varones y el propio hombre, que eventualmente se convierte en gasolina que se le echa al fuego de la violencia doméstica y que podemos hacer como sociedad para enfrentarnos a esto.

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