¿Por qué el matrimonio gay es bueno (y malo) para la Iglesia?

La decisión del Tribunal Supremo de anular la Ley de Defensa del Matrimonio sirve como un impulso a los esfuerzos en curso para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país. Los cristianos creen que el matrimonio es definido por Dios y reconocido por el gobierno. Pero hoy en día muchos creen que el matrimonio es definido por el gobierno y debe ser reconocido por todos. Por esta razón, no me siento optimista sobre las tendencias relativas al matrimonio y la familia en los Estados Unidos. Tampoco estoy seguro de lo que todo esto significa para los que, en buena conciencia, están en contra de esta corriente. Pero sí me siento optimista acerca de la iglesia de Jesucristo. Hemos pasado por transformaciones sociales antes, y estamos seguros de atravesarlas nuevamente.

Por ejemplo, la conversión de Constantino al cristianismo en el año 313 DC fue sin duda buena para la iglesia. (No tuvimos que preocuparnos más por alimentar a los leones en el Coliseo.) Pero muchos aspectos del matrimonio y la iglesia/estado han resultado ser malos para la iglesia. (El verdadero cristianismo sufrió bajo el peso del poder corruptor del estado.) Algunos ven los aspectos positivos de esa transformación de la sociedad en la medida en que prevalezca el bien (Peter Leithart, por ejemplo), mientras que otros ven el mal prevaleciendo sobre el bien (Stanley Hauerwas). La verdad es que la conversión de Constantino fue buena y mala para la iglesia.

Ahora pasemos a la redefinición del matrimonio de nuestra sociedad. Si realmente creemos en Romanos 8:28, que de alguna manera, Dios obra todas las cosas para el bien de quienes lo aman, entonces, incluso cuando la cultura se desvía en una dirección opuesta, deberíamos esperar ambos: beneficios y desafíos. Aquí hay algunos hechos que podemos esperar en los próximos días: LA PÉRDIDA DE UNA CULTURA DE MATRIMONIO.

Viajando en un autobús la semana pasada, entablé una conversación con el hombre sentado a mi lado. Me dijo que trabajaba para el gobierno, estaba en sus veinte años de edad, y su esposa estaba terminando su último año de universidad. De inmediato, me dije a mí mismo: deben ser cristianos. La conversación demostró que mi presentimiento era cierto. ¿Cómo lo supe? Fácil. Poca gente se casa cuando están en sus veinte años y todavía están en la escuela. Las parejas, o bien, conviven, o posponen el matrimonio hasta que se hayan asentado en una carrera. Alguien a los 22 años de edad, con un anillo en el dedo, podría ser como quien lleva una Biblia. No hace mucho, un amigo que vive en Washington DC me dijo que cada vez que ve a un padre y madre jóvenes empujando un cochecito con un par de niños, piensa inmediatamente: “Deben ser cristianos.” ¿Por qué? “Simplemente no hay una gran cantidad de familias intactas en nuestra área. Cuando usted ve una, usted termina por asumir que son religiosos.”

Ahora, no me malinterpreten. Reconozco que los valores de la familia tradicional no igualan al cristianismo bíblico. Un montón de gente de otras religiones ven el matrimonio como la piedra angular de la civilización (incluyendo los mormones, judíos ortodoxos y musulmanes). Pero estos dos ejemplos nos dan una ventana hacia el futuro del matrimonio y la familia en Estados Unidos. La imagen de un hombre y una mujer que esperan hasta la noche de bodas para consumar su relación y luego mantienen su compromiso por cuarenta, cincuenta, incluso sesenta años, según van creciendo en amor entre ellos, y crían a sus hijos y disfrutan de sus nietos simplemente ya no es la norma. Es probable que las iglesias serán uno de los pocos lugares donde se encontrarán personas casadas por más de 60 años.

La llegada del matrimonio entre personas del mismo sexo es la siguiente parada del tren en un viaje que comenzó con la proliferación del control de la natalidad en los años 1950 y 1960. Cuando el placer y la reproducción se divorciaron de una comprensión holística de las relaciones sexuales, la idea de que la expresión sexual y la crianza de los hijos se deben reservar para la relación de compromiso de un esposo y su esposa comenzaron a desaparecer. Agregue la cultura del aborto de 1970, el establecimiento del divorcio sin causa, el aumento de las madres solteras y padres incumplidores, y el auge de las tecnologías de reproducción, y no es de extrañar que la gente hoy en día no piensen en el matrimonio como un centro de institución para traer una nueva vida al mundo, sino como una unión emocional y sexual de las dos personas.

Las malas noticias: Cuando usted mira a otros países que hace décadas legalizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo, se observa una reducción dramática en el número de personas que se casan. Lo más probable es que pronto nos pareceremos a nuestros hermanos y hermanas en otras partes del mundo: nos vamos a destacar por ser precisamente lo que nuestros abuelos habrían pensado de manera ordinaria. Uno de los mayores regalos de Dios para nosotros en la gracia común (la institución del matrimonio) se ignorará, dando lugar a una serie de males sociales y una mayor degradación de la familia.

Las buenas noticias: En nuestras iglesias, tenemos la oportunidad de mostrar al mundo una mejor manera. Mostrar al mundo lo que es la masculinidad y la feminidad según lo enseña la Biblia. Mostrar al mundo la diferencia entre un pacto y un contrato. Mostrar al mundo la diferencia entre el compromiso basado en el sentimiento y un pacto basado en la fe. La ausencia de una cultura de matrimonio hará que el matrimonio se destaque aún más. Seremos excéntricos. Así que no pierdas la oportunidad.

AMENAZAS A LA LIBERTAD RELIGIOSA

Una de las preocupaciones de la comunidad religiosa sobre la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo es la amenaza potencial a la libertad religiosa.

Las malas noticias: Según la norma de los matrimonios cambia, los cristianos individualmente se encuentran en situaciones en que enfrentan sanciones por negarse a violar su conciencia. Ya lo hemos visto cuando empresarios cristianos, por ejemplo, se sienten en conflicto acerca de tomar parte en una boda entre personas del mismo sexo. Las amenazas a la libertad religiosa no es una buena noticia para la Iglesia, ya que nos hacen gastar tiempo y energía en el mantenimiento del “espacio” para que podamos vivir de acuerdo con nuestras convicciones religiosas sin temor a represalias.

Las buenas noticias: Estas amenazas pueden producir en la iglesia un cambio muy necesario de mentalidad. Es hora de que reconozcamos que ya no somos la “mayoría moral” y abracemos nuestra identidad como la “minoría misionera”. Mis amigos en Gran Bretaña y Rumania, me dicen que es una tarea noble el servir a Cristo cuando se está claramente en la minoría. A pesar de los desafíos que a menudo parecen insuperables, el pueblo de Dios tiene la oportunidad de aprender a amar a aquellos que se oponen a nosotros, de servir y sufrir bajo la intolerancia gubernamental o cultural y enfrentar el odio con respeto y amabilidad. Así que reconozcamos nuestra condición de minoría y aprendamos a servir a aquellos a los que estamos llamados a mostrar el amor de Dios.

EL COSTO DE LA CONVICCION

Cuando se trata de iglesias y denominaciones, pronto veremos quién está verdaderamente atado a la autoridad de la Palabra de Dios, sin importar desde dónde sopla el viento, y quién se está conformando al modelo de este mundo. Las iglesias que abrazan la nueva definición del matrimonio se muestran a ellas mismas estando en sintonía con la sociedad contemporánea y radicalmente fuera de sintonía con la Iglesia Cristiana de hace dos mil años.

Las malas noticias: Ser un cristiano convincente (especialmente en cuestiones relacionadas con la sexualidad, la moral, y el matrimonio) probablemente significará la pérdida de influencia cultural y la respetabilidad. Vamos a pagar un costo personal y social por nuestras creencias, y tenemos que estar preparados.

Las buenas noticias: El sociólogo Rodney Stark ha mostrado que uno de los motores más potentes del crecimiento de la iglesia primitiva fue el hecho de que la membresía tenía un costo. ¿Por qué es este el caso? Por un lado, el pago de un costo social tiende a excluir a aquellos que fingen la religiosidad con el fin de recibir el respeto de la sociedad. Además, sabiendo que se es minoría y que se puede ser condenado al ostracismo por sus opiniones, incrementa el nivel de compromiso y participación de los que siguen a Cristo.

Conclusión
El testimonio evangélico puede ser menor en número en los próximos años, pero la ventaja es que el testigo puede ser incluso más potente. El Evangelio del amor de Dios en Cristo no es menos poderoso en los Estados Unidos del siglo 21 que en la Roma del siglo primero. Por lo tanto, vamos a amar a Dios, amar a nuestros vecinos (incluso aquellos con los que discrepamos respetuosamente), y recuerda la buena noticia de que en el Tribunal de Dios, todos los que se arrepienten y creen en Cristo, tienen el veredicto de “justificado” pronunciado sobre ellos. Y no hay tribunal en la tierra que pueda revertirlo.

Traducido por Julia M. Rivero del artículo: Why Gay Marriage is Good (and Bad) for the Church
http://thegospelcoalition.org/blogs/trevinwax/2013/06/26/why-gay-marriage-is-good-and-bad-for-the-church/

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