Las Armas de Nuestra Milicia no Son Carnales, sino Espirituales y Poderosas. ¡Tengamos cuidado con su uso!

Escrito por Milton Picón

Estamos en medio del fragor de una gran batalla. Una que se da en los aires y otra que corre paralela a esta aquí en la tierra. ¿Que está en juego en esta batalla? Los valores y las instituciones más importantes de una sociedad y de un país. Particularmente aquellos que nos llegan a través de nuestra tradición cristiana, como lo son la familia, la institución del matrimonio, el derecho a los padres a instruir a sus hijos conforme a sus propios valores, y otros más. ¿Cuál es la alternativa que se presenta o que quiere suplantar los “antiguos valores” que recibimos del Evangelio? Nos quieren vender una “nueva moralidad”. Esa “nueva moralidad” que nos quieren traer los activistas sexuales y políticos, representan una, en donde Dios sale del panorama y del trono de los corazones, para sentar en ese trono al hombre. Toda una nueva propuesta fundamentada en el hombre. Las nuevas doctrinas de la nueva religión son: autonomía para hacer lo que me venga en gana, autoridad para yo ser la última palabra en cuanto a la conducta y la diferenciación de lo que es bueno o malo, licencia para atacar con impunidad a todo aquel que se me oponga, entre otras que podríamos discutir más adelante. Y como todo hombre tiene que tener una autoridad superior, si sacamos a Dios, tenemos que substituirlo por otra “deidad”, esa se llamará el estado. Ante el estado, ese “nuevo hombre con su nueva religión“, que es el “yoísmo”, se presenta con dos reclamos principales: Uno, para pedirle a este que le legalice todo lo que él considerado bueno y placentero; y dos: que se encargue de perseguir y desmantelar todo aquello que sea contrario a las nuevas reglas y a todo el que opine diferente. De esa manera, cambia de golpe y porrazo, todo lo que aprendimos desde niños, de ahí en adelante se tiene que reescribir toda la historia para que las nuevas generaciones no tengan acceso a la antigua historia, sino a todas las nuevas bondades de la “nueva sociedad”. Un experimento que muchos en su auto engaño lo persoguen como nuevo, pero que no es otra cosa que un refrito histórico. Otras sociedades quisieron hacer en el pasado el mismo experimento y fracasaron. Otras ni siquiera existen.

Estamos ahora mismo en una batalla, y en las batallas se utilizan armas. Y en el caso de nosotros, esas armas tienen que ser legítimas. Nuestros adversarios tienen otras armas, que incluyen la intimidación, la mentira descarada, la confusión y el etiquetar a la gente. Nosotros, como cristianos, no podemos ser iguales a ellos. Durante las últimas semanas hemos visto, como en páginas de Facebook aparecen informaciones en donde se citan a personas que representan el otro lado de la batalla, en este caso a Pedro Julio Serrano, diciendo cosas que no ha dicho. Este tipo de información tan solo puede provenir de dos fuentes: una de ellas pueden ser personas dentro de las filas del cristianismo que erróneamente piensan que están ayudando y que con comentarios inflamatorios pueden energizar a nuestra gente y la otra fuente puede ser que vengan de los mismos activistas sexuales, que ya lo han  hecho en el pasado en diferentes partes del mundo para alcanzar unos propósitos. Durante las vistas y manifestaciones en torno a la 99, hace unos años atrás, le decía yo a un militante sexual en una de las manifestaciones masivas, el que no podía entender como una persona inteligente tenía que recurrir a la mentira para lograr un fin. Este me contestó con el mayor de los descaros: “Si la mentira sirve a nuestro propósitos de alcanzar un fin ¿por qué no? La mentira  es un instrumento legítimo de lucha”. Para ellos sí, para nosotros no.

Es menester que nosotros los cristianos sepamos que no tenemos que recurrir a las mismas tácticas de nuestros adversarios, nuestras armas son distintas, pero no inferiores, la Biblia dice que son poderosas. La verdad siempre será poderosa, la mansedumbre siempre será poderosa, el responder con humildad siempre será algo poderoso.

Quiero advertir que cualquier “post” que se haga en nuestras páginas, en donde se diga que otros dijeron lo que no han dicho, van a ser borrados inmediatamente y denunciados como mentiras, salgan de donde salgan. No necesitamos eso.

En las pocas semanas de este mes de enero, se han dado varias batallas durísimas, y creo que las hemos estado ganando, en forma consistente. Algunas han sido realmente espectaculares, Dios mismo ha peleado por nosotros. Mientras sigamos dando la batalla con las armas espirituales que Dios nos ha dado, seguiremos dentro de su perfecta voluntad. Recuerden: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia”.

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