Libertad de Expresión o Libertinaje en la Expresión

Por Miltón Picón

La calidad en el debate de ideas en Puerto Rico se ha deteriorado muchísimo. Uno abre periódicos como El Nuevo Día, Primera Hora y portales de Internet, y ve como personas sin pudor, ni vergüenza atacan con insultos las opiniones y las personas que las emiten y se aprovechan para etiquetar a todo aquel que no concuerda con ellos. Creo que uno puede diferir de las ideas de una persona, o de la misma persona, sin entrar en personalismos y colocar las etiquetas y estereotipos que se aprenden en los círculos académicos del país, con la intensidad de dogma religioso.

En Puerto Rico existe la libertad de expresar ideas, pero libertad de expresión es una cosa y descargar contra mensajes con los que no estamos de acuerdo y por refilón atacar también a los mensajeros es otra y esto se está convirtiendo en una moda en nuestro país. Cuando uno entra en este tipo de medio, obviamente añade amigos en la medida en que la gente solicita amistad, y en otras ocasiones, las muchos menos, envía solicitudes de amistad por recomendaciones de otros amigos. A veces esas recomendaciones llegan de buena fe, tal vez porque un amigo quisiera que alguien a quien conoce reciba los mensajes y notas que publicamos. Por el contenido de los debates tal parece que hay personas que no necesariamente les gusta o entienden el trabajo que hacemos y quieren iniciar, promover o perpetuar discusiones o controversias que no tienen ningún valor. Gracias a Dios que existe remedio para eso. Sencillamente el que no quiere estar en la lista de amigos simplemente se elimina de la lista y si la gente que deja comentarios quiere entrar en personalismos se eliminan sus comentarios. Ya hay otros foros seculares en donde pueden ventilar sus desacuerdos con nosotros. Se puede diferir con respeto.

El domingo antepasado un periodista del periódico “El Nuevo Día” publicó en una página de Análisis de ese medio una columna titulada “Los Evangelistas del Odio”.  Una vez leí la nota decidí enviarle un correo electrónico aclarándole una serie de cosas que entendía no se ajustaban a la verdad y que tenían visos de generalización. El periodista me contesto y después de un intercambio respetuoso de “emails”, finalmente me despedí con un dicho del refranero boricua: “Hablando se entiende la gente”. Eso no quiere decir que el periodista no va a dejar de escribir la opinión que tiene de los dirigentes de los grupos pro-familia en Puerto Rico ( ese es su derecho ), pero por lo menos tiene una información nueva que le puede evitar caer en generalizaciones. Ojala que un día la gente pueda dirimir sus diferencias en la misma forma: con respeto y deferencia, sin demonizar, sin estereotipar.

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