¿Está Puerto Rico interesado en mantener relaciones sanas y de lealtad?

Por Lcda. Ada Norah Henríquez

De repente, ¿Puerto Rico no está interesado en mantener la lealtad en las relaciones y particularmente entre los esposos? ¿A quién le van a hacer creer esa mentira? No a los cientos de abogados que reciben en su oficina a mujeres que han sufrido no solo el impacto de la traición, sino verse privados de bienes y tiempo porque su esposo lo ha dedicado a un tercero. En muchos casos, ver negado dinero que necesitaba para suplir a sus hijos, dedicado a una 3ra persona que no está considerada como parte de esta relación legitimada y formal. También le ocurre a los hombres que son traicionados por sus esposas, aunque el numero sea menor, el impacto es igualmente devastador.

¿Diremos entonces que preferimos guardar las relaciones sexuales adúlteras entre terceros que la estabilidad de una familia? La mayor inconsistencia es que pretendemos cuidar a los que han traicionado su obligación socialmente aun bajo la Ley 54 y que remedios tendrá aquel que ha padecido la traición. Ante esto, no solo será una traición privada sino que se pueden jactar de que no se toma en consideración su condición de esposo o esposa responsable en guardar el pacto civil del matrimonio, sino que a los cuatro vientos se le humillará. No creo que este es el Puerto Rico en que estamos viviendo.

No te dejes engañar con el cuento de que a una mujer adúltera no se le daría protección por una agresión de cualquier índole porque para eso está el Código Penal y tenemos remedios expresos sobre este particular y aun civiles, como obtener una orden de protección bajo la Ley de Acecho.

Quiero escuchar las personas que han pasado por este problema de adulterio o sus familiares decir: “que bueno que ahora les protegen bajo la Ley 54“. Claro que no va a pasar porque esa no es la realidad nuestra como pueblo.

La prensa de Puerto Rico, en gran medida, pretende establecer que principios guardaremos como pueblo, sirviendo a intereses particulares. Pero, realmente somos nosotros quienes debemos definir que es importante y valioso.

Como se les está tratando de quitar pertinencia o vigencia al delito del adulterio porque es del Código Penal del 1902, ¿dejaríamos de penalizar el incesto porque también se estableció hace muchas décadas atrás? ¿Debemos por eso dejar sin efecto la prohibición de que los padres y los hijos tengan relaciones sexuales, o los hermanos entre si, los abuelos con los nietos?

¿Podemos hacerlo porque aunque son más los casos que ocurren que los que se denuncian estaríamos justificados? Esto por dar algún ejemplo.

No creas que si te quedas cómodo no expresándote o  diciendo: “allá ellos, no me voy a meter“, este asunto no te alcanzará. Sea directa o indirectamente esto te tocará, porque detrás de este proceso está un plan más extenso para destruir la institución del matrimonio tal y como la conocemos hoy. La prueba está en este esfuerzo, precisamente pone al matrimonio por debajo del adulterio. Ahí está, vale más una relación adúltera, basada en la traición al esposo o a la esposa, que  la institución creada mediante el matrimonio. Vale más una relación que podría estar basada estrictamente en gratificación sexual o placeres temporeros que una establecida para edificar una familia y contribuir al desarrollo de nuestro pueblo.

Por favor, muestren las estadísticas que digan que las familias que han padecido adulterios hacen de esta una mejor sociedad, da a luz a ciudadanos mas estables, definidos y firmes. Ciertamente, cuando hay relaciones adúlteras todos padecemos. No estoy diciendo que no se proteja la integridad física de una persona adultera sino que ya existen remedios para así hacerlo. Por tanto, el proyecto para incluirle bajo la Ley 54 no es necesario. De hecho sería un doble castigo para la mujer que ha sufrido el adulterio y que en este debate parece haber sido enmudecida, invisibilizada, desaparecida, encarcelada en el silencio y sin derecho a expresarse de manera alguna. ¿Qué dirían estas mujeres, esposas, sobre este particular?

En el Puerto Rico que conozco al contraer matrimonio un hombre y una mujer, y convertirse en esposo y esposa, no se espera que se incluyan las relaciones adúlteras, por lo menos no he escuchado ningún voto marital que asegure: estaré ahí para cuidar de ti cuando seas maltratado por un adúltero o para proveerte los recursos legales para tu defensa de una relación adúltera. Tampoco pienso que esto es parte integral de la vida marital y mucho menos familiar de los puertorriqueños.

Por tanto, escríbele a tus representantes y a los legisladores, a los gobernantes que responden a ti y déjales saber que el valor del matrimonio permanece en Puerto Rico y es pertinente y actual mantener claro este principio.

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