Espíritu de Restauración – Parte 2

En Gálatas 6:1-6 el apóstol Pablo dice “… restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.”

Cuando se corrige a otro hermano hay que tomar en consideración que en algún momento cercano, el corrector tendrá que ser corregido, puesto que todos los cristianos fallan. Todo creyente desea,que cuando se le corrija, se haga con amor. De modo que, debe proceder o tratar a los otros, de la manera que él quiere que lo traten, cuando se encuentre en las mismas circunstancias. De hecho, la corrección es efectiva cuando se hace con cuidado, consideración y amor.

El apóstol continúa, diciendo, “sobrellevad los unos las cargas de los otros”. Esta forma de comportarse es otra manera de mostrar que se anda en el Espíritu. El apóstol presenta la misma idea en Romanos 15:1 “Los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles.” Los espirituales (fuertes) tienen la responsabilidad de soportar y cargar a los débiles, quienes cometen faltas con mucha más frecuencia. Cuando se tolera, soporta y carga al débil, se cumple con la la ley del amor de Cristo.

El apóstol dice en 1 Tesalonicenses 6:14 “… que alienten a los de poco ánimo, que sostengan a los débiles, que sean pacientes para con todos.” Palabras mayores para los fuertes, el espiritual tiene que ser paciente para con todos. Además de corregir, debe ser paciente y no cansarse de amonestar a los débiles. Incluso, no cansarse de decir las mismas cosas, cuántas veces sea necesario.

En Gálatas 6 el apóstol continua diciendo “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.” Este salto, aparentemente abrupto, en la argumentación del apóstol, es para tratar con la actitud impropia que está asumiendo un grupo de hermanos, con la que demuestran que no son espirituales, sino carnales, niños en Cristo. Este grupo se cree espiritual, sin embargo está actuando con ira y envidia (Gálatas 5:26). Aunque no están equipados para corregir a los débiles, sin embargo, para vanagloriarse, actúan incorrectamente, irritando a los que cometen las faltas. Esta actuación incorrecta surgió de envidia de los que realmente son espirituales y pudo consistir en menosprecio, expresiones de ira, griterías, y groserías.

Su actitud impropia procede de la envidia y de un alto concepto de sí mismos (vanagloria). Tenían aire de superioridad, engañándose a sí mismos. No solo se dañaban así mismos, sino que dañaban a los demás. El apóstol Pablo, aprestó a los cristianos de la iglesia primitiva con respecto a esta actitud impropia, cuando en Filipenses 2:3, escribió “Nada hagáis por contienda o vanagloria, antes bien con humildad, estimando a los demás como superiores a ti mismo.” Cuando se estima al otro como superior, se considera cuidadosamente; qué, cómo y cuando hará la corrección. La humildad es un producto del verdadero amor.

Luego, en Gálatas, el apóstol dice “… cada uno someta a prueba su propia obra.” Al parecer el aire de superioridad provenía de compararse con los débiles que estaban cometiendo las faltas. Sin embargo, el concepto o idea que un cristiano desarrolle de sí mismo no puede surgir de compararse con otros hermanos, sean fuertes o débiles. La idea que desarrolle debe surgir de una evaluación cuidadosa de lo que piensa, dice y hace; a la luz de la Palabra de Dios. La Palabra es el filtro a través del cual debe examinarlo todo. De manera que la imagen que desarrolle debe combinar los resultados de la evaluación con las recomendaciones de la Palabra.

En Romanos 12:1, el apóstol dice, “Nadie tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” En el proceso de evaluación el creyente tiene que tomar en consideración los dones y los talentos que Dios le ha dado, o sea, si está produciendo conforme a esa medida. El hermano no es la medida, la medida es el don de Dios. Si cuando te examinas, todo está bien, gózate.

En el tribunal de Cristo el creyente será juzgado por lo que hizo y no por lo que hicieron los demás. Este juicio no está relacionado con su salvación, pues ella no depende de lo que hace, sino de lo que Cristo hizo en la cruz. De manera que el espiritual:

  • debe ayudar al débil a llevar su carga, y
  • será juzgado por lo que hace (su propia carga).

Por tanto, “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo segaremos, si no desmayamos. Hagamos bien a todos, mayormente a los de la familia de la fe.” (Gálatas 6: 9 – 10)

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