Espíritu de restauración

En Gálatas 6:1-6 el apóstol Pablo dice “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.” En esta sección el apóstol Pablo está dando ejemplos concretos de lo que es andar en el Espíritu.

En los versículos anteriores falta es lo mismo que pecado. En esta reflexión, se parte de la premisa que el término falta implica cometer el pecado con cierta frecuencia. La situación que se menciona puede darse en al menos tres contextos similares:

  • El hermano es observado mientras comete la falta. No es que lo están investigando, sencillamente, el observador llega al lugar en el momento cuando se produce la falta.
  • En una conversación con otras personas sale a la luz que cierto hermano está cometiendo determinada falta.
  • Una o más personas a propósito hacen una visita para indicar que cierto hermano está cometiendo una falta.

En los últimos dos casos hay que verificar cuidadosamente si la información es correcta, antes de tomar acción alguna con el hermano implicado. Es importante señalar que los hermanos no están espiando a nadie, no hay hermanos regla que se dedican a medir a los demás para ver si dan la medida. Simplemente, la información llegó de manera directa (presencial) o de manera indirecta (otros le notifican).

Este conocimiento trae consigo una responsabilidad que debe tener como base el amor a Jesucristo y a sus hijos (nuestros hermanos). Cuando un hermano en la fe comete una falta, ¿Cuál debe ser la actitud hacia el hermano que comete la falta?, ¿Qué se debe hacer? ¿Quién lo debe hacer? Y ¿Cómo se debe hacer? De inmediato Pablo indica que son los hermanos espirituales los que pueden proceder de manera correcta en este tipo de situaciones (hermano comete falta con cierta frecuencia). La actitud de ellos debe ser la que corresponde a una persona misericordiosa que se coloca en la posición del que cometió la falta. Solo los espirituales han alcanzado la madurez necesaria para responder a la situación de esta manera. Además, el espiritual es eficiente en el sentido de que responde con prontitud en el contexto adecuado.

La actitud y la acción apropiada del espiritual es la que produce los efectos esperados. Las palabras claves que permiten identificar la actitud y la acción apropiada son, “restauradle con espíritu de mansedumbre”. En griego la palabra restaurar es “katarizo” que es un término médico que se utiliza cuando se va ha arreglar un hueso roto. Primero, implica que hay un daño. El que peca se hace daño a sí mismo, ya que el pecado entorpece la relación con Dios, contrista al Espíritu, y además entorpece la comunión con los hermanos. De modo que el que peca se va deteriorando y en algunos casos de forma devastadora. [Se cosecha lo que se siembra, voluntaria o involuntariamente.]

Para evitarlo, el espiritual debe actuar rápida y oportunamente. El espiritual no hace caso omiso de los errores de sus hermanos o menosprecia a los que fallan, él los restaura. Tan poco lo publica (Mateo 18:15). No comenta sobre el asunto, simplemente actúa para restaurar. Algunos sinónimos de esta palabra que ayudan a captar mejor su significado son: levantar, reparar, mejorar, renovar y sanar. Esta restauración tiene tres escenarios muy importantes, en las relaciones: padre – hijo, esposo – esposa y supervisor – empleado. A todas ellas aplica el mandato que da el Señor al hombre espiritual, Restaura. Si él no procede de esta manera, no anda en el Espíritu.

¿Cuál debe ser la actitud del que corrige? Con espíritu de mansedumbre. Esta actitud es necesaria para que haya sanidad o restauración. La palabra espíritu indica esencia, esto es, que la corrección debe surgir de un corazón donde no hay menosprecio, enojo, gritería, ira ni reproche. Las palabras de corrección, para que sean efectivas, tienen que estar sasonadas con el amor de Dios. En el proceso de corrección hay comprensión, tranquilidad y ternura. Esta es la única manera en la que la corrección, aunque al presente no sea causa de gozo, restaure.

La Biblia establece un procedimiento claro para administrar la corrección. En esencia consiste de tres etapas: en privado, en presencia de testigos y finalmente ante la iglesia (Mateo 18:15). Si la primera etapa funciona no hay que implementar la segunda. La tercera se implementa cuando no han funcionado las dos etapas anteriores. Le secuencia se tiene que llevar al pie de la letra. La etapa funciona cuando se obtienen los frutos esperados; se restaura la persona y el ambiente afectado.

Pronto – Segunda Parte

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