Riesgos a la salud de la conducta homosexual

Por Dr. César Vázquez Muñiz

Parte fundamental de la medicina es identificar las conductas asociadas al desarrollo de enfermedades para promover su modificación. Sostener relaciones “sexuales” con personas del mismo sexo (conducta homosexual) está asociado a un aumento en las enfermedades (morbilidad) como a una disminución en expectativa de vida (aumento en mortalidad). Podemos afirmar que los homosexuales, tanto varones como mujeres, viven entre 8 a 20 años menos que los heterosexuales, particularmente los heterosexuales casados. Esto es así aún en los países como Canadá, Noruega y Dinamarca que se consideran afirmativos (“friendly”) hacia el estilo de vida homosexual. (1), (2), (3)

Una de las características fundamentales del estilo de vida homosexual es la promiscuidad (multiplicidad de parejas sexuales), aún en aquellos que alegan estar en una relación de pareja estable. (4) Hasta el 65% de nuevos casos de infección con VIH ocurrieron en homosexuales con una “pareja estable”. Un estudio en Australia demostró que aun las lesbianas habían tenido en promedio más parejas sexuales masculinas que las mujeres heterosexuales. De hecho el 93% de las mujeres que se identificaron a sí mismas como lesbianas reportaron haber tenido relaciones sexuales con hombres. (5) Muchos de estos compañeros sexuales varones pertenecían a grupos de alto riesgo para enfermedades infecciosas (homosexuales, bisexuales, usuarios de drogas intravenosas). Es precisamente la promiscuidad sexual la que hace que la comunidad homosexual siendo un 2-3% de la población (1.7% según Statistics Canada 2004) tenga una representación mucho mayor en la incidencia del VIH, Hepatitis B y C, Herpes simplex, Human Papilloma Virus, gonorrea, sífilis, clamidia, Chryptosporidium, Giardia lamblia, microsporidia, Isospora belli y otros. Siendo la conducta homosexual producto de factores ambientales (conducta aprendida), el legitimar socialmente y promover esta conducta pudiera producir un aumento en dichas infecciones. Como consecuencia tendríamos un aumento en estas enfermedades, lo que implicaría un aumento en el costo personal y social con la inevitable sobrecarga al sistema de salud. Actualmente el gasto en la investigación y tratamiento del VIH, si se tiene en cuenta el número de afectados, es mayor proporcionalmente que el gasto en otros renglones como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, las cuales afectan a una población mayor.(6)

Parte significativa del problema de salud que el acto homosexual implica es la mecánica del acto en sí. El “sexo anal” es el “sine qua non” (requisito indispensable) del sexo para muchos homosexuales. Sin embargo la anatomía (estructura) y la fisiología (funcionamiento) de la parte final del sistema digestivo demuestran que el ano y el recto no están diseñados para esta actividad. El recto, a diferencia de la vagina, no está diseñado para ser penetrado, ya sea por el pene, el puño (hasta el antebrazo a veces, conocido como “fisting”) o algún otro objeto, a veces necesitándose una intervención quirúrgica para resolver el uso equivocado a esta parte del cuerpo… Tampoco tiene protección contra los efectos inmunológicos del semen, efectos que tienen razón de ser en la vagina pero no en el recto. La vagina con su lubricación natural, sus gruesas paredes internas (epitelio escamoso estratificado no queratinizado), su esfínter que abre de afuera hacia adentro, y sus músculos que la sostienen, tiene el diseño apropiado para el coito, convirtiéndose así literalmente en un canal de vida de lo cual todos somos producto. En comparación el ano es “un mecanismo delicado de pequeños músculos que produce un pasadizo estrictamente de salida”. Debido al trauma repetido, a la fricción, y al estiramiento el esfínter anal pierde su tono muscular (capacidad de mantenerse contraído y por lo tanto cerrado) y se produce la incontinencia fecal, secreto de muchos… No hablemos de las laceraciones de ano y recto o de la perforación de recto, fatal sin tratamiento quirúrgico de emergencia. La exposición del ano/recto a agentes infecciosos ha producido lo que se ha llamado “Gay Bowel Syndrome” y particularmente la infección con cierto agente viral (HPV?) lo que hace que el cáncer de ano sea 10 veces más común en los homosexuales que en los heterosexuales. (7), (8)

Es precisamente la prominencia del contacto anal (anal-genital, anal-oral “rimming” para los iniciados, anal-genital seguido por felación) con la inevitable contaminación oral-fecal, lo que explica la alta incidencia de infecciones parasíticas y de otro tipo del tracto gastrointestinal de los homosexuales, algunas de las cuales son difíciles de tratar. Las lesbianas no tienen una incidencia tan alta de enfermedades como los homosexuales varones pero es más alta que en la población general. Debe ser obvio que a menos que uno pertenezca a la comunidad homosexual o sea un profesional de la salud, todo lo anteriormente dicho sea desconocido, insospechado e inclusive hasta repulsivo. Estas conductas ocurren en privado pero tienen consecuencias para la salud pública.

Asociadas a estas conductas sexuales de alto riesgo existen otras conductas de otro tipo que aumentan los riesgos para la salud de la comunidad homosexual. Estudio tras estudio documentan un mayor consumo de cigarrillos, de alcohol y de drogas de todo tipo (antidepresivos, sedantes, marihuana, Ecstacy, otros). Esto interfiere con el juicio necesario para protegerse de prácticas sexuales de alto riesgo y también facilita manifestaciones de violencia en las relaciones (sadismo, violencia verbal y/o física, actos sexuales no consentidos, etc.).Se ha encontrado una mayor incidencia de violencia “doméstica” entre parejas del mismo sexo que en heterosexuales. (9)

Para muchos el estilo de vida homosexual es un estilo de vida relajado, sin preocupación por las normas y lleno de alegría, “gay. Sin embargo, los estudios documentan que los homosexuales (varones y hembras) manifiestan una mayor incidencia de enfermedades mentales que los heterosexuales. En el documento titulado “Ten things gay men should discuss with their health care provider” se dice que la “depresión y ansiedad parecen afectar (a los) hombres gay en una frecuencia mayor que a la población general”. (10) De esta forma se acepta la realidad de que la comunidad homosexual sufre una mayor incidencia de depresión, suicidios, trastornos de ansiedad, alcoholismo, uso de drogas, violencia hacia si mismo y/o interpersonal entre otras condiciones. Esto es así aún en sociedades como el Reino Unido y Holanda donde es socialmente aceptable el estilo de vida homosexual. (11), (12) De los ejemplos mas drásticos de la asociación del homosexualismo con el suicidio es un estudio de 103 parejas de gemelos varones mayores de 18 años donde uno era homosexual y el otro gemelo no. Se encontró que el gemelo homosexual tenia un riesgo 6 veces mayor de haber intentado el suicidio que su gemelo heterosexual. (13), (3) Entre jóvenes homosexuales el riesgo de intento de suicidio pudiera ser de alrededor de 33% y esto aún en lugares como Noruega donde el homosexualismo es socialmente aceptado. (14), (15), (16), (17)

Podemos afirmar inequívocamente que la conducta homosexual es un peligro para la salud de los individuos que la practican y para la sociedad en general. La actitud racional de una sociedad debe ser el desalentar aquellas conductas que atentan contra la salud y la vida de sus ciudadanos. Para un excelente repaso del tema ver “The Health Risks of Gay Sex”, John R. Diggs, Jr., MD, CorporateResourceCouncil.org.

Notas y Bibliografía

1. R. S. Hogg et al, “Modeling the impact of HIV disease on mortality in gay and bisexual men, “ International Journal of Epidemiology, vol. 26, 657-661, 1997.

2. P. Cameron et al, “Federal Distortion of Homosexual Footprint ( Ignoring Early Gay Death? )”, 12-13, given at Eastern Psychological Association Convention, 3/23/07, available at Family Research Institute, Colorado Springs, CO

3. C. Banks, “The Cost of Homophobia”, Gay and Lesbian Health Services, July 2001.

4. M. Xiridou et al, “The contribution of Steady and Casual Partnerships to the Incidence of HIV Infection among Homosexual Men in Amsterdam,” AIDS 17 (2003): 1031.

5. K. Fethers et al, “Sexually transmitted infections and risk behaviors in women who have sex with women,” Sexually Transmitted Infections, 76(5):345-349, p. 347 (October 2000).

6.”Funding for Research Areas of Interest,” National Institute of Health, 2002. See also National Center for Health Statistics, June 4, 2002 (for diabetes); June 6, 2002 (for heart disease)

7. M. Melbye et al, “Changing patterns of anal cancer incidence in the United States, 1940-1989,” American Journal of Epidemiology, 139: 772-780, p. 779, Table 2 (1994).

8. B. Shank et al, “ Neoplasms of the Anus,” American Cancer Society

9.”Extent, Nature, and Consequences of Intimate Partner Violence” U. S. Department of Justice: Office of Justice Programs (July, 2000): 30.

10. Gay Lesbian MedicalAssociation,

www.glma.org/index.cfm?fuseaction=Page.viewPage&pageID=690
11. M. King et al, “Mental Health and Quality of Life of Gay Men and Lesbians in England and Wales”, British J. of Psychiatry (2003), 183, 552-558.

12. R. de Graaf et al, “Suicidality and Sexual Orientation: Differences Between Men and Women in a General Population-Based Sample from the Netherlands”, Archives of Sexual Behavior vol. 35, #3, June 2006.

13. R. Herrel et al, “Sexual Orientation and Suicidality”, Archives of General Psychiatry, vol. 56, no. 10, October 1999.

14. K. Hegna, “Suicide Attempts among Norwegian Gay , Lesbian and Bisexual Youths”, Acta Sociológica, vol. 50, no. 1, 21-37 (2007).

15. D. Fergusson et al, “Is Sexual Orientation Related to Mental Health Problems and Suicidality in Young People?” Archives of General Psychiatry. 1999; 56: 876-880

16. A. D’augelli, “Mental Health Problems among Lesbian, Gay, and Bisexual Youths Ages 14 to 21”, Clinical Child Psychology and Psychiatry, vol. 7, no. 3,433-456 (2002).

17. A. Jorm et al, “Sexual Orientation and Mental Health: results from a community survey of young and middle-aged adults”, British Journal of Psychiatry (2002) 180: 423-427

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