El Gran Milagro

En Eclesiastés 3:11, la Biblia dice, “… ha puesto eternidad en el corazón de los hombres”. La criatura humana tiene varias marcas que lo mueven en dirección de su hacedor. Una de esas marcas es el deseo de ser inmortal. El hombre, en su estado natural, no estando engañado por doctrinas extrañas, anhela y busca vivir para siempre. La historia de la humanidad es testigo – el embalsamamiento de los faraones egipcios y sus entierros.

Aunque anhelamos vivir para siempre, nuestra “vida biológica”, en el mejor de los casos, en promedio, nos permite alcanzar los 70 años. Los fuertes llegan a los 70 y los más fuertes a los 80, la vida del hombre es muy breve. Es como una niebla que sale por la mañana y al llegar la tarde; desaparece. A pesar de toda nuestra ciencia y tecnología no hemos podido avanzar en nuestro deseo profundo de prolongar la vida. Los ingenieros genéticos tienen la esperanza de manipular el genoma humano para lograrlo, por ejemplo, hacer que una persona a los 200 años de edad compita en el maratón San Blas. Sin embargo, por el momento es solo un sueño. Incluso, prolongar la vida es parte de la ecuación, pero no la más importante. Además de prolongarla hay que mejorar radicalmente su calidad. Lucha que la sociedad moderna ha estado perdiendo [la drogadicción, la violencia en las calles y en los hogares, etcétera]. Dios puso eternidad en el corazón del hombre porque ese era su plan original. La muerte es una anomalía. De modo que uno de los dilemas del hombre es que  aunque desea vivir para siempre, su vida es muy corta. ¿Cómo se resuelve este dilema?

EL GRAN MILAGRO – PARA DAR LA VIDA DE DIOS

“Grande es el misterio de la piedad, Dios ha sido manifestado en carne…[Encarnación]” (1 Tim 3:16) Este es el milagro central afirmado por el Cristianismo. Es el hecho alrededor del cual gira toda la historia del planeta. ¿Con qué propósito descendió Dios? Dios se hizo hombre para que los hombres se hicieran hijos de Dios. El descendió para que adquiriéramos la vida de Dios. Pero, ¿No somos todos hijos de Dios? No. Todos somos criaturas de Dios pero no sus hijos. Para ser sus hijos tenemos que tener su naturaleza divina.

¿Cómo sabemos que el cristianismo es verdadero? (Historia Cristiana)

Primero, el hombre por la grandeza de la naturaleza (belleza y complejidad), se da cuenta de que existe un Dios. Ejemplos de esta grandeza son: (1) Un cielo que en una noche clara nos muestra su majestuosidad a través de cientos de miles de estrellas – nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene alrededor de 100,000 millones de estrellas que danzan juntas en una danza milenaria, (2) la metamorfosis donde una oruga se transforma en una hermosa mariposa, (3) los ciclos de la naturaleza que funcionan de forma sincronizada, y (4) la información presente en la célula del organismo más simple. ¿De dónde vino esta información? Se da cuenta de que hay una mente suprema que es responsable de toda esta complejidad. Pablo lo menciona cuando dice, “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,  siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:20) La Naturaleza es el libro de sus obras.

Segundo, se da cuenta de que es la única criatura que puede distinguir lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo y que no vive de acuerdo a lo que él entiende que es la manera correcta de vivir. No vive de acuerdo a sus propias expectativas. Por ejemplo, sabe que no debe mentir, sin embargo, cuando le conviene miente. Ejemplo de esta capacidad para distinguir lo bueno de lo malo es que en ninguna sociedad se ha premiado la cobardía o el egoísmo. Por el contrario, se ha apreciado el heroísmo y el servicio a los demás. El apóstol Pablo alude a esta capacidad cuando dice, “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” (Romanos 2:14-16) Esta capacidad natural es lo que llamamos la ley de la consciencia. En la antigüedad se le conocía como la ley de la naturaleza humana. El hombre tiene que obedecer las leyes naturales, sin embargo, no tiene que obedecer la ley de su naturaleza. Debido a su libre albedrío el puede desobedecerla y rebelarse contra su hacedor. Esto fue lo que hizo.

El apóstol Pablo, en el libro de Romanos dice, que debido a estas dos revelaciones generales de Dios (la Naturaleza y la Ley de la Consciencia), el hombre, aunque no tenga la Biblia, es culpable. “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” (Romanos 1:21).  Todos, en algún momento, hemos obrado de manera injusta. El que no tiene la Biblia será juzgado pos sus propias palabras. Por ejemplo, cuando emitió un juicio sobre la conducta impropia de otro – Luis es un egoísta – y resulta que él ha hecho lo mismo, se ha comportado de forma egoísta para ser el centro).

El hombre sin la Biblia no tiene excusa, es culpable y está bajo la ira de Dios. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad…” (Romanos 1:18) Por lo tanto, el hombre está perdido, fuera de la vida de Dios (está muerto) y necesita salvación de la muerte eterna (que es lo mismo que estar apartado de Dios por toda la eternidad).

Tercero, Dios como siempre, toma la iniciativa y se revela al pueblo judío, un pueblo pequeño, y les encarga su Palabra (Las Escrituras – el Antiguo Testamento) para que sea lámpara a su camino y al de todas las naciones de la Tierra. La revelación a través de la Escritura permitió que el hombre tuviera conocimiento específico de su Creador, de si mismo y del universo. Conocimiento que le permitió entender de forma mucho más clara su condición y su mortalidad. Algunas de las grandes verdades de la Escritura son:

  • Hombre creado perfecto a imagen y semejanza de Dios (potencialmente inmortal).
  • Como criatura libre, tenía la opción de obedecer o desobedecer a su Creador.
  • Se reveló contra Dios, le desobedeció y como consecuencia experimentó la muerte. La desobediencia a Dios (pecado) es la causa de la muerte. Morimos por nuestra desobediencia. La muerte se manifiesta de dos maneras:
    • Espiritual – se rompe la comunicación con Dios. Como consecuencia se rompe la comunión con su pareja (social), consigo mismo (sicológico) y con la naturaleza (dificultad para lograr que de fruto). Nace en el hombre la naturaleza pecaminosa – la carne. “Por cuanto los deseos de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;” (Romanos 8:9)
    • Física – el cuerpo deja de regenerar sus células y comienzan a morir hasta que el organismo deja de funcionar (separación de espíritu y cuerpo).  Cuando muere, el espíritu del creyente va a un lugar (Seno de Abraham) y el del no creyente a otro (Hades – Infierno).
  • Dios promete restaurar al hombre a través de la simiente de la mujer (Nacimiento Virginal) – Jesucristo – Dios hecho hombre.
  • La restauración será completa y permitirá alcanzar una posición más alta que la original – además de perfectos, serán inmortales. Tendrán la vida de Dios.

La Ley de Dios, contenida en las Escrituras, les permitió ver la brecha infinita que hay entre el carácter de Dios y el carácter del hombre. Dios es santo y aborrece el pecado. Mientras que el hombre es pecador y se deleita en el pecado. De manera que el hombre, aunque quisiera, no podría llegar a Dios por sus propias fuerzas. De hecho, la realidad es, que no le interesa hacerlo. Por lo tanto, el hombre está muerto y apartado de la vida de Dios. Está perdido y condenado a muerte eterna. [Importante señalar que el Lago de Fuego es un lugar que los rebeldes han solicitado y Dios les ha concedido su petición – allí no estarán en la presencia de Dios.]

Cuarto, Dios ama a todas sus criaturas y no quiere que ninguna de ellas muera sin alcanzar la vida de Dios. Por tanto, Dios desciende haciéndose hombre para que los hombres se puedan convertir en hijos de Dios.

¿Qué quiere decir todo esto?

  • El hombre es culpable, por cuanto es un rebelde que desobedece continuamente a Dios.
  • La consecuencia del pecado es la muerte física y espiritual (todos estamos muertos).
  • Dios se hace hombre, Jesucristo, para vivir una vida perfecta y mostrar un verdadero arrepentimiento. Jesús es el verdadero hombre, que se arrepiente (cambio de actitud) en nombre de toda la humanidad y vive una vida perfecta delante de Dios, agradándole en todo.
  • Aunque no tiene que morir, puesto que no pecó, decide morir en lugar de la humanidad para cubrir la deuda que ella tenía con Dios.
  • De manera que, con su muerte, el paga el precio de nuestra deuda (pasada, presente y futura). Si aceptamos su sacrificio, somos justificados y tenemos paz para con Dios. Pasamos de muerte a vida. Como dijo Pablo en 1ra Corintios; “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Cor 15:22)
  • Dado que no pecó, la muerte no pudo retenerlo y la venció.

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Col 2:13-15)

  • Destruyó por medio de la muerte, al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo. (Hebreos 2:14)
  • “… vivo y estuve muerto… vivo para siempre y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apoc 1:18)

Quinto, en la conversión, el Espíritu Santo entra en la vida del creyente para: (1) indicar que es propiedad de Dios (hijo de Dios), (2) darle sabiduría para entender la Escritura, (3) guiarlo a toda verdad y (4) darle testimonio de que es hijo de Dios. ¿Cómo se que el cristianismo es cierto? Es Espíritu Santo que habita en mí me da testimonio – es la garantía de que estoy en la verdad. Este mismo Espíritu Santo es el que convence al pecador de su pecado y le guía al arrepentimiento. Ya que Dios no quiere que nadie se pierda.

El tema central de la predicación de los apóstoles fue (1) la muerte y (2) la resurrección de Jesucristo. ¿Por qué? La Muerte de Jesucristo representa el Amor de Dios por sus criaturas. Su amor es tan grande que estuvo dispuesto a tomar la forma de hombre (Encarnación), dispuesto a sufrir todos los embates de un mundo caído (el rechazo, la calumnia, el engaño, la desilusión,…) y dispuesto a morir para cubrir la deuda de la humanidad. El que acepta su sacrificio expiatorio pasa a ser Hijo de Dios: es justificado delante de Dios, o sea su deuda es cancelada, y tiene paz para con Dios. Cuando una persona acepta el sacrificio de Cristo como el único camino para llegar a Dios, la Biblia dice que se hace partícipe de la naturaleza divina – de alguna manera el Espíritu Santo – la tercera persona de la Divinidad entra a la vida del creyente.

Por último, dado que Jesús no pecó, la muerte no pudo retenerlo. Jesús venció al diablo y le quitó las llaves de la muerte y del Hades. Su Resurrección representó el comienzo de una nueva creación. Desde ese momento, todo el que acepta a Jesús como único y verdadero salvador pasa de muerte a vida, esto es, la segunda muerte ya no tiene autoridad sobre él. Desde ese momento tiene vida eterna – es absorbido por la vida de Dios. Esta etapa de la Salvación que el apóstol Pablo llama Glorificación se consumará en el rapto (arrebatamiento de la Iglesia – donde la muerte será absorbida pos la vida) en la primera resurrección que ocurre en la segunda venida de Cristo para establecer su reino milenario en la Tierra.

Resumiendo:

  • La Encarnación es el Gran Milagro – Es la invasión de la Divinidad en territorio enemigo para establecer su reino.
  • La Muerte de Cristo – es el evento donde el diablo y sus huestes son derrotados y los reinos de la Tierra pasaron a ser de Cristo.
  • En la Resurrección – Cristo comienza una nueva creación.
  • En la conversión, Jesús nos bautiza con su Espíritu, nos da autoridad y nos envía a expandir su reino.
  • Nos promete que regresará otra vez para establecer su reino milenario y que el último enemigo que será destruido es la muerte.
  • Nos promete que hará un Cielo y Tierra nueva en donde todos los creyentes exprimenten la vida de Dios.

¿Quieres recibir su vida? Reconócele como tu único y verdadero salvador.

Maranatha, Cristo viene pronto. ¡Sí, ven Señor Jesús!

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