El terremoto que cambiará a Haití

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El terremoto que cambiará a Haití para siempre, se produjo cuando placas subterráneas como a seis millas bajo la superficie de la tierra, se desplazaron a lo largo de una falla que ha presentado problemas por años. El terremoto de magnitud 7.0 llegó como una pesadilla, la ciudad de Puerto Príncipe se derrumbo y villas completas colapsaron. Orfanatorios, iglesias, tiendas, hogares y edificios de gobierno fueron destruidos. El gobierno civil cesó de funcionar. Los cuerpos se amontonan, y la ayuda aunque en camino, no llegará a tiempo para muchas de las víctimas. Se estima que el número de muertos puede llegar a los 500,000. La nación más pobre en el hemisferio occidental ha experimentado una catástrofe que parece ser apocalíptica. La escala de la calamidad es sin precedentes. En muchos sentidos, es como si Haití dejase de existir. Esta tragedia nos recuerda que la vida es muy frágil.

Siempre que ocurre un desastre en algún lugar del mundo, la gente se pregunta ¿son las fuerzas de la naturaleza, o es la mano de Dios? En verdad, es difícil no describir el terremoto como un desastre de proporciones bíblicas. Al parecer es como si la ira de Dios hubiera caído sobre esta nación caribeña. Y a esto se añade el hecho de que Haití es bien conocida por su historia de sincretismo religioso, mezclando elementos de varios credos, incluyendo prácticas ocultistas. Esta nación es conocida por el vudú y la hechicería.

La historia de Haití es un catálogo de desastres políticos, uno tras otro. En un relato de la lucha de esta nación por su independencia de los franceses, a finales del siglo XVIII, se dice que representantes de la nación hicieron un pacto con el diablo para expulsar a los franceses. Algunos usan esta leyenda para explicar todo lo que ha marcado la tragedia de la historia Haitiana, incluyendo este terremoto. Muchos concluyen que el terremoto es una señal del juicio observable y directo de Dios. Por ejemplo, Pat Robertson presidente del “Club 700” dijo sobre este suceso “La gente no quiere hablar de ello. Ellos estaban bajo el dominio Francés … usted sabe Napoleón III … y se juntaron e hicieron un pacto con el diablo. Desde este momento ellos han sido malditos una y otra vez, y son desesperadamente pobres.” Luego Robertson continuó hablando de la República Dominicana, que es el lado próspero, y Haití que está en pobreza desesperante, es parte de la misma isla.

El primer error consiste en pensar que si se sufre pobreza, se está bajo maldición. La conclusión obvia es que dado que la República Dominicana no hizo este pacto con el diablo y Haití sí, al menos de acuerdo con la leyenda, esta última, hoy sufre por los pecados de sus antepasados que hicieron el pacto. Es necesario indicar que no tenemos evidencia alguna para sugerir que los haitianos que hoy mueren en el terremoto, lo hacen debido a un pacto hecho por sus antepasados. Esto no es solo absurdo, sino que es contrario a la Palabra.

No hay fundamento para reclamar que se conoce porque un desastre, como el terremoto en Haití, sucedió justo en ese lugar y momento. La arrogancia de la presuposición humana es un peligro real y actual. Un accidente automovilístico se puede asociar como el efecto de un conductor ebrio. Pero no se puede asociar un terremoto como el efecto del vudú, al menos no tan directamente. ¿Por qué ningún terremoto azotó a la Alemania nazi? ¿Por qué ningún maremoto devoró los campos asesinos de Cambodia? ¿Por que el huracán Katrina destruyó muchas mas iglesias evangélicas que casinos? ¿Por qué tantos dictadores asesinos llegan a edad madura mientras que muchos misioneros mueren jóvenes?

Aunque debemos tratar de entender lo que Dios está haciendo en medio de una crisis, nunca debemos actuar como si pudiéramos explicar exactamente porqué Dios permitió que la tragedia sucediera. Un peligro muy grande es la tentación de decir “Yo se porqué ocurrió el terremoto, y porqué en ese lugar.” Decir que el terremoto del 12 de enero es por el pecado de los haitianos, es ir más allá de las fronteras del conocimiento humano. Simplemente no se nos ha dado la capacidad para afirmar porqué ocurrió esta tragedia, o cualquier otro desastre natural.

Debemos pensar de manera bíblica sobre este desastre. Es mejor creerle a Jesús que a los líderes cristianos prominentes. Siempre debemos evaluar lo que dicen a la luz de las enseñanzas de Jesús. En una ocasión similar, donde 18 personas murieron cuando la torre de Siloam se derrumbó sobre ellos (posiblemente una de las columnas de apoyo), muchos especularon que este tipo de tragedias eran indicios de la ira de Dios sobre ellos. Ellos pensaban que los que perdían la vida de esta manera eran culpables de algún pecado severo y poco usual. Pero Jesús les dice que este no es el caso; les dijo, “¿Piensan ustedes que ellos eran más culpables que todos los demás que vivian en Jerusalén? Les digo que no.”(Lucas 13:1-5)

Jesús afirmó este mismo punto de vista en Juan 9. En esta ocasión Jesús y sus discípulos se encontraron con un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos querían saber si el pecado la ceguera había sido causada por el pecado de la persona o el de sus padres. Jesús respondió “No ha pecado ni este hombre, ni sus padres; esto es para que la obra de Dios se manifieste en él.” (Juan 9:3) Los propósitos de Dios están más allá de nuestro entendimiento, y el Señor sencillamente no explica o trata de justificar sus caminos a la humanidad. Usando estas referencias, podemos decir que el terremoto de Haití no está asociado a sus pecados.

Por otra parte, ¿son resposables las fuerzas naturales? Por supuesto que sí. Las inexorables ¨leyes naturales¨ operan a pesar del sufrimiento humano, y por lo general no son suspendidas por la oración. C. S. Lewis sostuvo que ni aún la Omnipotencia podría crear una sociedad de almas libres sin al mismo tiempo crear una naturaleza relativamente independiente e inexorable1. Por tanto junto a la vida de almas, en el mundo hay leyes fijas y consecuencias que surgen por necesidad causal. El terremoto surgió debido a la dinámica de las placas tectónicas que conforman la corteza terrestre.

Lo único que podemos concluir es que a todos nos llega la muerte y que a veces llega de la forma que menos esperamos. Independiente de la severidad o tipo de pecado del que seamos culpables, el hecho es que todos somos pecadores. No sabemos cuánto tiempo tenemos para arrepentirnos y tornarnos a Dios. El terremoto, como cualquier otro desastre terrestre, nos recuerda que la creación misma gime deseando ser liberada por su Creador. En otras palabras, el terremoto nos recuerda que el Evangelio de Jesucristo es el único mensaje de esperanza real. La cruz de Cristo demuestra que Jesús ama a Haití y que los hiatianos son objetos de su amor. En medio de esta tragedia indescriptible, Cristo nos pide que hagamos llegar ayuda inmediata a los haitianos que sufren, y que nos apresuremos a hablarles de su amor, su cruz, y salvación en su nombre.

Esta tragedia puede conducir a una nueva apertura al Evangelio entre los haitianos. Los cristianos deben hacer todo lo que esté a su alcance para aliviar el sufrimiento, vendar a los heridos, y consolar a los que sufren. Dios ama a Haití.

1Continuar sin posibilidad de ser detenidas.


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