El Endeudamiento – La Gran Trampa

El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra adeudar como “tener una deuda material con alguien” y “hacer deudor a alguien, obligarle por deuda”. Además, define la palabra deuda como “obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero.” Note que la definición misma de la palabra hace claro que las deudas comúnes son las de dinero y que ellas obligan al deudor a pagar de acuerdo con los términos del préstamo. El mismo diccionario define préstamo como “cantidad de dinero que se solicita, generalmente a una institución financiera, con la obligación de devolverlo con un interés.”

De manera que el endeudamiento es un ciclo que tiene los siguientes componentes:

  • La persona (creyente) tiene una situación que no puede cubrir con sus economías y/o ingresos mensuales.
  • Decide hacer un préstamo para adquirir el dinero necesario para bregar con la situación.
  • Solicita el préstamo en una institución financiera o acepta una oferta de tarjeta de crétido, de las muchas que ha recibido por correo.
  • Comienza a pagar su deuda mensualmente, de acuerdo con los términos que estableció el prestamista.

Dado que generalmente los prestamistas diseñan el plan de pagos para que sea fácil de pagar, la persona comienza a “creer” que los préstamos/tarjetas de crédito son la manera más efectiva de resolver sus situaciones. El préstamo/tarjeta pasa a ser un instrumento común en la vida de la persona hasta que eventualmente el número de pagos excede a sus ingresos mensuales y se inicia el proceso de caída y colapso económico.

Para ver con detalle todos los elementos de la trampa, analicemos cada una de las etapas del ciclo mencionado anteriormente. Note que el ciclo se inicia con una situación personal. La primera pregunta que tenemos que hacernos es, ¿es una necesidad real o una “necesidad” creada por la cultura? Las necesidades reales más importantes tienen que ver con salud (alimento, medicamentos), vestimenta básica (no ostentosa), transporte y hospedaje. Todos sabemos que la mayor parte de los préstamos no corresponden a una necesidad real y por consiguiente no se justifican. De hecho, una casa que no tenga el costo apropiado para el presupuesto, es una “necesidad creada por la cultura de la competencia y de la imagen.” Los préstamos que no se justifican son una manera sutil pero efectiva de acomodarnos al siglo.

El apóstol Pablo, guiado por el Espíritu Santo, dice en Rom 13:7-8 “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.” De este texto se desprende que: (1) el deudor tiene que pagar su deuda y debe hacerlo a tiempo, (2) la deuda debe ser justificada (impuesto, necesidad básica) y (3) tan pronto se haya pagado la deuda, procurar con diligencia no deber nada material a nadie. Esta es la enseñanza bíblica, sin embargo, la mayor parte de los cristianos le deben dinero hasta a su propia sombra. Hermanos, esto no debe ser así.

El endeudamiento es un tipo de esclavitud ya que la deuda misma, dependiendo de su tamaño, produce ansiedad e incluso angustia. Para pagarlos, el deudor trabaja más del tiempo necesario y sacrifica su vida espiritual, sus relaciones familiares y comunitarias. Dios nos llamó a libertad y no a estar en esclavitud económica. La Palabra enseña de manera implícita que debemos ahorrar parte de nuestro salario para los casos de emergencia. De modo que cuando  las emergencias lleguen no tengamos que recurrir a los préstamos. Alguien podría argumentar que esto no es posible en el mundo de hoy. Pero la verdad es, que no nos sobra nada, porque tenemos una serie de gastos que no son necesarios y los hacemos por la manipulación de los medios de comunicación y la influencia del siglo en nuestro modo de vivir. Pablo tenía sus ahorros, por eso dijo a Filemón, acerca de Onésimo, (Fil 1:18-19) “Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también.” Lo mismo hizo el Buen Samaritano (Luc 10:35) “Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.”

Si la situación es meritoria y no hay ahorros para atenderla, el creyente debe orientarse bien antes de hacer el compromiso. Debe acercarse a personas (creyentes) que conocen sobre asuntos financieros, quienes le pueden orientar acerca del tipo de préstamo más apropiado para su situación, dónde conseguir la mejor tasa de interés y el pago que es posible de acuerdo con sus ingresos mensuales. Son muchos los cristianos que son atrapados por entidades cuyas ofertas no son las mejores y cuyo pagaré es muy pesado para el deudor. Hermano, si no tiene otra alternativa oriéntese bien.

Toda la vida del creyente debe estar sujeta a Cristo, incluyendo sus finanzas. Esto significa que el manejo de las finanzas es un elemento de nuestra vida espiritual y como tal debe ser parte de la educación cristiana. Pero, ¿cuántas congregaciones ofrecen estas orientaciones aun cuando saben que hay hermanos capacitados para ofrecerlas? Y si lo hacen, ¿notifican a otras congregaciones?; y ¿libre de costo? La iglesia tiene la responsabilidad de capacitar a sus miembros en todos las dimensiones de la vida cristiana. Las finanzas son parte de ella.

Las tarjetas de crédito son zorras pequeñas que destruyen nuestras finanzas. De hecho, la crisis financiera actual se debe principalmente al consumo desmedido causado por el acceso a tarjetas de crédito. Lo primero es que su tasa de interés es extremadamente alta, varía con frecuencia y establecen los pagos para que el deudor no reduzca su deuda original y permanezca cautivo en la prisión de su deuda.

La economía mundial está basada en la usura, cobrar intereses por el dinero prestado. Práctica que Dios prohibió a su pueblo. En el libro de Levítico, Jehova dijo (Lev 25:36-37) “Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo.” La enseñanza de la Biblia es contraria a esta práctica. La usura ha sido un instrumento para empobrecer y esclavizar a muchos y enriquecer a un grupo pequeño.

Los préstamos y las tarjetas de crédito se han diseñado para enriquecer a un grupo pequeño y empobrecer a muchos. Seamos sabios para no ser atrapados por el endeudamiento. No estamos diciendo que no se hagan préstamos o que no se tengan tarjetas de crédito. Lo que estamos diciendo es que se tomen las medidas necesarias para que las situaciones reales se atiendan con los ahorros y no haya que acudir a estos instrumentos. Sin embargo, si las circunstancias ameritan un préstamo, oriéntese bien para que tenga las mejores condiciones posibles y que el pagaré sea adecuado para su presupuesto. Si tiene una tarjeta utilícela sabiamente de modo que no tenga que pagar intereses.

El Espíritu Santo nos dirija para que obremos conforme a su voluntad perfecta para nuestras vidas. Para meditar

  • (Pro 11:15)  Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.
  • (Pro 17:18)  El hombre falto de entendimiento presta fianzas, Y sale por fiador en presencia de su amigo.


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