Hacia una nueva Contra Revolución Espiritual

(Este artículo fue publicado en el boletín informativo de Morality in Media, edición de Ene-Feb 1994, lo volvemos a publicar por la pertinencia que tiene para el dia de hoy.)

Por Milton Picón

Sin lugar a dudas la década de los 90’s es una de cambios fundamentales. Cambios que estremecen las mismas bases de nuestra sociedad. Lo que comenzó como una filosofía de cambios en la década de los 60’s, ha comenzado a traer resultados. Podemos resumirlo con las siguientes palabras: COSECHAMOS LO QUE SEMBRAMOS. A muchas personas estos cambios los han tomado desapercibidos, a otros no.

Alla para finales de los 70’s y durante la década de los 80’s se levantaron varias voces que dieron la voz de alerta a la Iglesia. Una de estas voces fue la del escritor y filósofo cristiano Francis Scheaffer. Este le advirtió a la Iglesia que tenía que involucrarse, que tenía que trabajar dentro de la cultura, que no se podía retraer sin tener que pagar un precio muy alto. Tenía muchísima razón. En una corta cita de uno de sus libros, uno de mis favoritos, titulado “El Manifiesto Cristiano”, y apuntando hacia las razones de crisis dentro de la Iglesia, decía: “El problema básico con los cristianos en los últimos ochenta años, en relación al gobierno y a la sociedad es que, ven las cosas en pequeñas partes y no en su totalidad. Gradualmente se han ido indignando contra la permisividad, la pornografía, la escuela pública, el derrumbamiento de la familia y finalmente contra el aborto. Pero no han visto el problema en su totalidad, solo las pequeñas partes que no son sino los síntomas de una enfermedad mayor. Han fallado en reconocer que muchos de estos cambios se han materializado porque la gente ha cambiado su forma de pensar y de ver al mundo”.

Y no solamente han cambiado la forma de pensar del mundo en relación a los asuntos que son importantes, sino que también ha cambiado la forma de pensar del mundo en relación a nosotros los cristianos. Es tiempo ya que la Iglesia y sus líderes se sienten a reflexionar sobre esto, antes de que sea demasiado tarde.

A pesar de que se ha visto un resurgir de los cristianos que se han comenzado a involucrar, en su capacidad individual, en los procesos políticos y culturales, tardará mucho tiempo en lo que estos puedan llegar a impactar realmente la sociedad, o al menos de la forma en que lo están haciendo en la actualidad grupos como el de los homosexuales por ejemplo.

Los cristianos en los últimos años han cometido unos errores de estrategia fatales, entre los que se encuentra el de asumir un rol moralista de crítica continua, pero sin acabar de convertirse en los líderes culturales que le ofrecen una alternativa a la soociedad. Dios ha llamado a muchas personas a hacer varias tareas, pero, en esta nueva revolución espiritual cada cual tiene una tarea que desempeñar. Por años hemos dejado que solo unos pocos estén haciendo un esfuerzo por trabajar con las problemáticas sociales, que en fin de cuentas no van a traer todos los resultados anhelados a menos que todo el pueblo cristiano se una, para ser consistentes.

Por un corto periódo de tiempo, movimientos en los Estados Unidos como el de los “Jesus People” y las Catacumbas aquí en Puerto Rico prometieron convertirse en una alternativa. Pero la efectividad desplegada en los primeros años de su existencia, como agentes de cambio, se fue diluyendo al mezclarse con la Iglesia Tradicional que nunca vió con buenos ojos el que los cristianos se involucraran con la sociedad y la cultura. Tenían sectores de la Iglesia en aquel entonces y lo retienen muchas al día de hoy una filosofía totalmente pietista. Por el contrario, otros movimientos, especialmente el homosexual, fue siguiendo sin ni siquiera saberlo, un mandato bíblico que dice: “La mano de los diligentes señoreará; mas la negligencia será tributaria” (Proverbios 12:24).

Hoy, de cara al año 2,000 (RECUERDEN QUE ORIGINALMENTE ESTE ARTICULO FUE ESCRITO EN 1994) vamos caminando en la senda de los tributarios. Los cristianos se han convertido lentamente en una minoría oprimida. ¿No guardará esto relación con la sentencia de Mateo 5:13? “Vosotros sois la al de la tierra, pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”. Es obvio, en vez de ser sal y luz de la sociedad donde Cristo nos colocó, nos hemos removido de los centros de mando y ahora tenemos que pagar el amargo precio de encontrarnos bajo la bota de un Presidente y de unos líderes políticos que están más interesados en pagarle unos favores al movimiento homosexual, que en proteger los valores de nuestra herencia judeo-cristiana. Además de eso somos el hazmereir de los medios masivos de comunicación, convirtiéndonos en el primer grupo al cual se puede vituperar con impunidad.

La pregunta que surge es, ¿qué podemos hacer para cambiar el rumbo de las cosas y para reclamar una cultura donde podamos levantar nuestras familias en el temor de Dios? La respuesta yace en que en primer lugar nos sentemos a evaluar honestamente el por qué hemos llegado a esta situación. Sin lugar a dudas le hemos entregado todo el sistema a los enemigos de Dios. Le hemos entregado todo, a un sistema de humanismo secular que se ha apoderado de las ciencias, las artes, la educación y la política con el fin de crear un “nuevo orden mundial”. Grábese estas palabras porque las escucharemos con mucha frecuencia en los próximos tiempos.

Como cristianos nos tenemos que involucrar, retomar nuestras escuelas y universidades, no en una postura defensiva, sino ofensiva, como la que desplegaron las Catacumbas en los años 70. Comenzemos nuevamente a escribir libros, obras de teatro, guiones de películas, revistas, periódicos, repartir hojas sueltas en la universidad, en fin, utilizemos el impacto de las artes y todo medio de comunicación a nuestro alcance para llevarle el Evangelio de Cristo a las vidas.

La solución radica en ganar y conducir almas a Cristo, dándole a la cultura los argumentos convincentes para abrazar las creencias del cristianismo. El problema no es el movimiento homosexual, o los medios de comunicación, o el Supremo Federal, etc., etc., etc., el problema radica en que aunque hay personas trabajando en diferentes áreas y haciendo una aportación valiosa en términos de traer esperanza y en denunciar proféticamente la maldad, estos no constituyen los muchos, sino los pocos. La mayoría todavía vive al margen. Y es una minoría impía, pero bien organizada y comprometida, que no tiene a Dios, quien manda. PODEMOS CAMBIAR ESO, SI REALMENTE LO DESEARAMOS.

protesta

“Si no comenzamos a tomar medidas pronto, es cuestión de tiempo para vernos en el predicamento que ilustra la caricatura”.


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