La Desilusión del Poder de los Hombres

Por Milton Picón

El domingo pasado compartí con la congregación de Dorado parte de este mensaje. Lo hice a raíz de los mensajes que llegan de hermanos desilusionados cuando ven que los políticos no cumplen sus compromisos, después de haberles dado un voto de confianza. Relacioné todas estas preocupaciones con el tema del poder, porque ha veces confundimos el poner a personas en el poder, con el poder del voto y a veces llegamos a creer que eso nos otorga poder terrenal.

El propósito de lo que compartí a los hermanos fue el mostrarles como el hambre y el deseo de poder interfiere con el amor y termina destruyendo las relaciones interpersonales, y más importante, hacerles ver como el deseo de ser poderoso, humanamente hablando, interfiere con la posibilidad de ser cristianos auténticos, verdaderos.

Comencé definiendo los terminos de lo que es poder y lo que es autoridad. PODER: “prerogativa de determinar lo que va a pasar, y la fuerza coersiva para hacer que otros se amolden a nuestros deseos, aún en contra de su voluntad”. AUTORIDAD: “cuando se puede persuadir a otros a hacer algo que queremos sin usar la coerción o la manipulación. Es cuando alguien se presenta en una forma tal en que la gente desea obedecerlo, cuando la gente le reconoce legitimidad a un liderato, y el derecho a someterse a unas cosas.”

Ejemplos de lo anterior los vemos reflejados en lo que son los gobiernos totalitarios vs. los gobiernos democráticos. En los TOTALITARIOS las cosas se manejan con puño de hierro, se obliga a la gente a hacer las cosas, su poder se basa en la coersión. Cabe preguntarse: ¿La gente ama a líderes y gobiernos así? Por otro lado en los DEMOCRATICOS, no se tiene que utilizar la fuerza para que la gente obedezca, la gente coopera por sí misma, y lo hacen porque reconocen el derecho de sus líderes a gobernar. Dicho esto, es interesante notar algo de la vida de Cristo, que se menciona en Mateo 7:29. Dice la Escritura: “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”. O sea, la autoridad a Cristo lo distinguia de los líderes religiosos de su tiempo. La gente se entregaba a Cristo espontáneamente. Jesus nunca obligó a nadie a seguirle.

Procedí luego a ilustrar a la congregación sobre cómo afectan los juegos de poder a los hombres, a las mujeres, a los niños y finalmente a la iglesia. Es precisamente la última parte del mensaje la que quiero compartir con ustedes. ¿COMO AFECTAN LOS JUEGOS DE PODER A LA IGLESIA, EN SU RELACION CON LOS PODERES TEMPORALES DE ESTE SIGLO, EN ESTE CASO LOS GOBIERNOS?

Siguiendo la línea del principio, podemos afirmar que la manera en que el reino de Dios llega al hombre no es con imposición, sino con autoridad. Durante su primer siglo de existencia, la iglesia era un movimiento sin poder del mundo que lo rodeaba. Sus miembros, en su mayoría, eran gente de la clase trabajadora y esclavos. De hecho, el Apostol Pablo habla sobre su composición, cuando en 1era de Corintios 1: 26-29 dice: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

Los primeros seguidores de Jesús, no eran los que batían el cobre, ni los que manejaban los asuntos del imperio en aquellos tiempos, los que hacían estas cosas eran los individuos con conexiones y padrinos. La iglesia no tenía nada de eso. Sin embargo, siendo lo que eran, hicieron una gran diferencia en la gente de su tiempo. Predicaban y la gente se convertía en grandes números. Enviaban misioneros hasta las partes más lejanoas del mundo conocido en aquel entonces. Retaron la inmoralidad existente en aquel imperio corrupto y a pesar de no contar con un ejército, y de no tener poder político, su amenaza al estilo de vida del imperio fue tal, que se buscaron la ira de parte de los emperadores romanos.

Pero en el año 312 D.C. la iglesia cristiana comenzó a pasar por una transición bien grande. En ese ano el Emperador Constantino, reconoció y proclamó el cristianismo como la religión oficial del estado. De ese dudoso honor, todavía la iglesia no se ha recuperado. Los líderes de la iglesia, dejaron de ser los renegados y prófugos de la justicia. Ahora eran las personas que tenían el poder de la espada, o sea del estado. La historia nos dice que cada vez que la iglesia se alia con el poder del estado comienza su período de corrupción y desintregación, y pierde su autoridad moral y su dinámica (su vida) espiritual. Cuando la iglesia se ciñe el poder, renuncia a su llamado de ser instrumento del amor de Dios. Después de Constantino la iglesia pasó a ser, de cuerpo perseguido a perseguidores. Dejaron de enviar misioneros, y ¿qué enviaron? Las Cruzadas a matar árabes.

Dios nos llamó, y nos sigue llamando a ser instrumentos de cambio en esta sociedad. Ahora, ¿cómo lo vamos a lograr? ¿En qué forma? ¿En qué manera? Vamos a considerar el estilo de Jesús. Nuestro Señor tenía la suficiente fuerza como para hacer doblar todas las rodillas de los seres humanos que creó. Tenía todo el poder para destruir todo lo malo que habia en la sociedad, pero escogió el echar a un lado su poder como Dios y su gloria y decidió intervenir en la vida de la humanidad, viniendo a este mundo y naciendo en un pesebre. Nos mostró hasta donde podía llegar con tal de salvarnos y darnos vida eterna.

Creo que esa misma estrategia la vamos a seguir. ¿Por qué? Porque cuando la gente imita el estilo de Jesús se obtienen grandes victorias. Jesús se ganó la lealtad de la gente a través de su amor sacrificial, particularmente aquel que fue expresado en la cruz del calvario. Por eso dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. Jesús se hizo siervo y si tu quieres saber como era que se desempeñaba el rol de siervo en los días de Cristo, lee el pasaje de Juan 13: 3-10: “sabiendo Jesús que el Padre le habia dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciño. Luego puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugarlos con la toalla con la que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondio Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavaras los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendras parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor no solo mis pies, sino tambien las manos y la cabeza. Jesús le dijo: EL que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos”.

Jesús dijo que el que fallará en entender esto no tendría parte en su reino. El amor se expresa sirviendo, no siendo servido. Es sirviendo, no embriangándose con el poder del mundo. Hace unas semanas atrás se celebraba el natalicio de un hombre llamado Martin Luther King, un hombre que se esforzó por traer justicia social a los negros en los Estados Unidos. Propuso hacer una marcha de Selma a Montgomery, Alabama, en dos fines de semanas consecutivos. La TV nacional mostró en vivo una de esas dos marchas. Cuando trataron de pasar el puente se le atreveso el famoso Comisario Clark con sus policias racistas. Les dijeron: “DENSE VUELTA Y REGRESEN”. Ellos les contestaron: “HEMOS VENIDO DE LEJOS, PARA DAR VUELTA ATRAS”. Despues de una segunda advertencia aquellos hombres y mujeres no haciendo uso de fuerza física, sino de las armas espirituales de su milicia, se tiraron de rodillas a orar. Los policias les cayeron encima, los golperaron y les echaron los perros encima. El público que veía eso a través de la television nacional se quedaron en “shock” y espantados ante la brutalidad de aquellos racistas se dijeron: “Dios mío, estas personas que están marchando tienen razón”. Y los marchistas triunfaron. Aquellos que no conocen los caminos de Dios no podian explicar como se les podía llamar ganadores a una gente que estaba apaleada y sangrante en la calle. Ante los poderosos del mundo el Comisario Clark ganó la contienda. Pero ante los ojos de Dios y de toda la nación los marchantes triunfaron. Otro ejemplo de autoridad moral, en este tiempo, fue la Madre Teresa de Calcutta.

¿Qué tienen en común todas estas personas? Lo mismo que deberiamos tener nosotros en este tiempo: humildad. Hermanos queridos Dios nos ha llamado a ser sencillos. Solo la gente sencilla y no poderosa, se puede dar el lujo de mantener sus convicciones. Los no poderosos no tienen nada que perder. Nada le pueden quitar, porque no tienen nada. Aquellos que no anhelan el poder pueden vivir siendo auténticos, porque no tienen que tener temor de no alcanzar algo a través de tener que comprometer sus valores.

Por eso aquellos primeros cristianos y cristianos verdaderos a través de todas las generaciones podían y pueden en este tiempo vivir felices en la cara de los principados y potestades. Les habia sido dado un amor perfecto, que como dice 1 Juan 4:18; “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor”.


Free Hit Counter

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s