Cuando se terminan nuestros recursos personales – II

Jesús camina sobre las aguas (Mateo 14)

Dado que no responden adecuadamente a la prueba de los panes, al instante, Jesús pide a los apóstoles que suban a la barca y pasen al otro lado de la ribera. Mientras el despide a la multitud. Como él sabía que la multitud impresionada iba a tratar de hacerlo rey, se retiró nuevamente solo al monte para orar.

Debemos recordar que cuando le dieron la noticia de Juan, intentó apartarse para buscar el rostro del Padre, pero la necesidad de la multitud no se lo permitió. En esta ocasión tiene la oportunidad de derramar su corazón delante de Dios Padre. Dice la palabra que le cogió la noche orando. ¿Tenía Jesús que orar? Si.

Jesús desde el monte observa a los apóstoles en la barca, el que ha nacido de Dios, Dios le guarda y el diablo no le puede tocar. La Biblia indica que un fuerte viento que les era contrario se levanta en el mar y aunque reman con intensidad, no pueden avanzar mucho. La barca en medio del mar era azotada por las olas. Recordemos que varios apóstoles eran pescadores y conocían bien este tipo de situaciones y lugar. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado en esta situación? Remamos con todas nuestras fuerzas y recursos y permanecemos en el mismo lugar.

Cuando ya los apóstoles están fatigados, llegaron nuevamente al fondo del barril, y como a la cuarta vigilia de la noche, Jesús decide alcanzarlos y adelantárseles caminando a pie sobre las aguas. Al verlo caminando sobre las aguas, pensaron que era un fantasma, gritaron, se confundieron y se atemorizaron. Al instante Jesús les habló y dijo: Tengan ánimo, Yo soy, no teman. En otras palabras, no tengan miedo, soy Yo. Recordemos a Moisés cuando le dice a Jehová, ¿si me preguntan cuál es tu nombre, qué les diré? Yo soy te ha enviado.

Pedro le responde, ¿si eres tú Maestro?, ordena que yo vaya a ti caminando sobre las aguas. Para entender lo que está sucediendo, colóquese en la posición de los apóstoles; todos están fatigados, y además asustados al ver a una silueta que camina sobre el agua y se acerca a ellos. La silueta dice no teman, soy yo, Jesús. Pedro, con osadía, lanza un reto que indudablemente pone en peligro su vida. Si tú eres capaz de caminar sobre las aguas ordena que yo lo haga también. Recordemos que Pedro es un pescador y conoce muy bien las propiedades del agua y la profundidad del mar. Esta acción no es un cuestionamiento a la autoridad del Maestro, sino una manera de probar su identidad, como dice la Escritura, probad los espíritus si son de Dios.

Jesús le dijo, ven. Y Pedro descendió de la barca y comenzó a caminar sobre las aguas. Mientras mantuvo sus ojos sobre el Maestro (viendo al invisible) caminó sobre las aguas. El agua posiblemente se comportó como un cristal grueso. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzó a hundirse. Tan pronto cambió la mirada, de Jesús al viento, le dio miedo y comenzó a hundirse. En muchas ocasiones el temor es el resultado de la falta de confianza en Dios. En otras palabras, dudó que Jesús lo sostuviera para que caminara hasta él. ¿Con cuánta frecuencia nos sucede lo mismo a nosotros?

Pedro dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! A medida que se hundía se llenó de terror y gritó “Señor agárrame que me ahogo”. Al instante Jesús, extendiendo la mano, asió de él, lo subió a la superficie y lo hizo caminar sobre las aguas nuevamente para entrar al bote. Jesús nunca llega tarde. Le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Observe que tan pronto se subieron a la barca la tempestad se calmó. Terminó la prueba que Dios había preparado para ellos. Esto nos muestra que Dios tiene todo bajo su control. En esta ocasión los apóstoles se asombran más allá de toda medida, se maravillan y postrados le adoraron, diciendo “verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”. Aunque no aprobaron cuando tomaron la prueba de los panes y los peces, en esta ocasión si lo hicieron ya que reconocieron que Jesús es el Hijo de Dios.

Es posiblemente por esta razón que Marcos dice “Porque no consideraron el milagro de los panes, debido a que su corazón estaba endurecido”. En otras palabras, tuvieron inmediatamente la segunda prueba de la tormenta en la barca porque no habían respondido adecuadamente al milagro de los panes.



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