Metamorfosis del Cristiano – Parte II

Los versículos clave para esta reflexión aparecen en el capítulo 12 del libro de Romanos, en donde el apóstol Pablo nos dice

“Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cual sea la buena voluntad de Dios; agradable y perfecta”. (versos 1-3)

En el artículo anterior se hizo meridianamente claro que el producto de la transformación consiste fundamentalmente en abandonar unos moldes de pensamiento que constituyen la corriente de este siglo o la moda que prevalece en el tiempo que nos ha tocado vivir. Pero además de abandonar, hay que también velar y resistir cada día la fuerza de la corriente, puesto que ella tratará de llevarnos a las prácticas anteriores o a utilizar “modalidades nuevas” que en realidad son variantes contemporáneas de los mismos patrones antiguos. Recordemos que el príncipe de este siglo (Satanás) es padre de toda mentira; lo que significa que se especializa en al arte del engaño y sabemos que tiene una experiencia enorme en este departamento.

¿Cómo se logra la transformación?

El apóstol indica que esta se logra “renovando el entendimiento“. La primera etapa en el proceso de transformación (de viejo a nuevo hombre) es la renovación del entendimiento. Prácticamente todas nuestras estructuras de pensamiento (formas de pensar acerca de nosotros mismos y de los demás) tienen que ser reemplazadas por las que crea el Espíritu Santo por medio de la palabra de Dios. A medida que pasa el tiempo, el Espíritu Santo, la naturaleza divina que está en nosotros, va creando el nuevo hombre a través del cambio radical de nuestras formas de pensamiento; de una vida centrada en el yo a una vida centrada en Cristo y en los demás.

El apóstol Juan, en su primera carta, indica que “El Espíritu Santo nos enseñará todas las cosas”. Nuestro maestro es el Espíritu Santo. En otras palabras, a medida que estudiamos a fondo la Biblia, el Espíritu nos capacita para comprender su significado y confrontar nuestras viejas formas de pensamiento con las nuevas que se presentan en la Escritura. En este proceso de confrontación interna el Espíritu nos muestra con claridad que las viejas formas no son conforme al nuevo plan y por consiguiente hay que abandonarlas y adoptar las formas nuevas.

Usar la mentira para lograr algo (aunque sea bueno) es una forma de pensamiento vieja y muy común, que caracteriza a la vieja naturaleza (viejo hombre). Satanás utilizó la mentira para engañarse a sí mismo y esa misma mentira la utilizó con Eva, haciéndola creer que ella era divina por naturaleza. En la Biblia a Satanás se le llama “Padre de toda mentira”. De manera que, el que miente con frecuencia no anda en el Espíritu y está dando lugar a los estilos de vida antiguos. El mandato claro de la Biblia es que “no mintamos” a nadie. Aunque hay mentiras que son evidentes, hay otras que son más sutiles y difíciles de detectar. Estas últimas son las que utiliza el maligno para extraviarnos de la sincera fidelidad a Cristo. Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado con las ideas que entran a nuestra mente y meditar en las que ya forman parte de nuestros pensamientos.

Otro patrón del viejo hombre y muy común entre las personas es “tratar a los demás de acuerdo a su estado”. En otras palabras, dar trato preferencial a ciertas personas por motivo de: la posición de autoridad que ocupan, su nivel educativo, su nivel socioeconómico, su apariencia, su sexo, y otros. Esto es lo que la Biblia también llama “juzgar con parcialidad”. Cuando se da trato preferencial se juzga a una persona superior a la otra. Dios detesta la parcialidad y especialmente cuando se utiliza para obtener beneficio. Por ejemplo, una persona que solo comparte con los líderes y muy poco con los otros miembros de la comunidad. En todas las actividades está con los líderes y no dedica un tiempo similar a conocer los otros miembros de la comunidad. El caso más severo ocurre cuando este comportamiento es con el propósito de ser incluido en el grupo de los líderes. La voluntad de Dios es que demos a todos más o menos el mismo tiempo y afecto independiente de la posición que ocupen en la comunidad.

Para poner en práctica estas nuevas formas de pensamiento tenemos que orar para que el Espíritu Santo nos fortalezca y podamos nadar en contra de la corriente de este siglo. En lugar de mentir, decir la verdad no importa cuanto nos cueste. En lugar de juzgar con parcialidad, tratar a todos por igual aunque según el siglo esto signifique no alcanzar la posición que se anhela. Lo que Dios quiere que recibamos llegará sin tener que recurrir a estilos que son propios del mundo.

La práctica constante de estas nuevas formas de pensamiento (la verdad es mejor que la mentira, todos somos iguales) hace que pasen a ser parte de nuestra nueva persona y carácter. El haberlas practicado con mucha frecuencia no significa que ya no fallaremos en estas áreas. Aún cuando estemos firmes debemos continuar vigilantes, ya que como un camaleón, el siglo desarrolla nuevos disfraces para los viejos patrones con el propósito de engañarnos. Para estar firmes: debemos estudiar cuidadosa y continuamente la Palabra de Dios, orar y meditar para escuchar la voz del Espíritu Santo a medida que nos enseña el significado de la Palabra y al mismo tiempo nos indica como aplicarla, y finalmente pedirle que nos fortalezca para traducir nuestros nuevos pensamientos en acciones que son fruto de la presencia de Dios en nuestras vidas.

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