Metamorfosis del Cristiano – Parte I

En el capítulo 12 del libro de Romanos, el apóstol Pablo nos dice

“Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cual sea la buena voluntad de Dios; agradable y perfecta”. (versos 1-3)

La primera parte “Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios” comienza con una súplica del apóstol, un ruego de lo profundo de su ser para que voluntariamente vivamos a la altura de nuestra posición en Cristo. En su ruego nos pide que tomemos en consideración la gran misericordia que Dios ha tenido para con nosotros. Donde a pesar de que éramos enemigos de Dios en nuestra mente (por nuestros patrones de pensamiento) y hacedores de toda clase de mal; y por consiguiente estábamos bajo la ira de Dios; envió a su Hijo (Dios tomó forma humana) para pagar el precio de nuestra rebelión y establecer un camino directo al paraíso – todo el que cree en el nombre de Jesús está libre de la ira de Dios. Esto es, ha pasado de muerte a vida eterna.

El cristiano vive a la altura de su posición cuando voluntariamente presenta sus dones, sus talentos y sus recursos materiales para adelantar el reino de Dios en la Tierra. Para poder hacerlo tiene que estar andando en el Espíritu, es decir, tener una comunión continua con el Espíritu Santo que fue derramado en su corazón cuando creyó, para que le guíe a toda verdad, en toda situación. Maravilloso, Dios habita en el interior de cada creyente y le enseña todo lo que necesita para estar en comunión con la divinidad (andar en la luz). El creyente tiene que aprender a escuchar y a obedecer la voz del Espíritu Santo que habita en su interior.

En su ruego, el apóstol recuerda al creyente que es su deber “No conformarse a este siglo”. El siglo, o como también se la llama el mundo, es un sistema religioso, filosófico, político y económico que ha sido articulado por el príncipe de las tinieblas (Satanás) y cuya máxima es “que sobreviva el más fuerte – primero tú, segundo tú y finalmente tú”. En otras palabras, el hombre es la medida de todas las cosas y no necesita a Dios. Este sistema es el producto de la rebelión de Satanás y el hombre que le obedeció; y podríamos decir que comenzó cuando el hombre desobedeció a Dios en el huerto del Edén. Junto a la aparición de este sistema; en el interior del ser humano, surgió una naturaleza pecaminosa que alimenta y se alimenta del mismo. Cada persona y sociedad no cristiana, es el producto de estas dos fuerzas. Una característica que distingue a este sistema es la mentira, ella es su fundamento. Es el molde principal que utiliza el sistema para perpetuarse en la mente de sus habitantes. Los patrones más comunes en el sistema son:

  • mentir para lograr un bien,
  • medir (a sí mismo y a los demás) con reglas diferentes,
  • fingir lo que no se es,
  • el que me la hace me la paga.
  • considerarse superior a los demás, y
  • luchar por ser el mejor.

De modo que nuestra persona se ha desarrollado dentro de un sistema que construye e impone unos moldes (formas de pensamiento y patrones de conducta) que la hacen una réplica, lo más exacta posible, de lo que no es un sacrificio agradable a Dios. Cuando la persona se arrepiente de su maldad y acepta a Jesús como su único y verdadero salvador, el Espíritu Santo entra a su interior en ese momento y la fortalece, capacita y habilita para resistir las exigencias del sistema a que adopte los moldes que constituyen la novedad del momento o la corriente de ese tiempo. De hecho, en el sistema “no hay nada nuevo”, son las mismas ideas con diferentes vestiduras. El cristiano tiene el deber de nadar contra la corriente, aunque sea difícil y le cueste.

El apóstol continúa diciendo; en lugar de acomodarse, que es fácil, pero no agradable a Dios, deben transformarse. Esto es, deben adoptar unas formas de pensamiento que están por encima o más allá del sistema. Esta declaración establece:

  • que el cristiano tiene la responsabilidad de transformarse (metamorfosis),
  • no debe esperar que lo transformen,
  • él mismo tiene que hacerlo.

Esta metamorfosis implica un cambio radical en sus formas de pensar, esto es, adoptar formas de pensamiento nuevas que no son comunes a este mundo. ¿Cómo se logra?

CONTINUA …


Free Hit Counter

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s