¿Por qué los seres humanos necesitan salvación?

La razón es simple. El ser humano es la única criatura que sabe que hay una forma correcta de comportarse, o regla de juego limpio, o moralidad, o como se le quiera llamar  y no vive de acuerdo con ella. Por ejemplo, sabe que debe cumplir con la promesa que hizo, pero no lo hace, y como sabe que faltó a ella, presenta mil y un argumentos que según él, “justifican” su falta. De hecho, sus argumentos para “justificar” su conducta son evidencia de que cumplir una promesa no es un asunto de gusto, sino más bien, una de las reglas del juego limpio o conducta decente. Si el que no cumple la promesa, estuviera en el lugar del que se quedó esperando por lo que se le prometió, estaría argumentando hasta la saciedad, que se ha cometido una falta o injusticia contra él, puesto que se le prometió un aumento en sueldo y no se le otorgó. Todos estamos seguros de que el engaño no es una regla del buen comportamiento, sin embargo, cuando nos conviene, engañamos a otros. Pero nadie acepta como correcto que lo engañen. Sabemos que el trato preferencial (discriminación) no es parte de las reglas del juego correcto y sin embargo, son muchas las maneras en que se manifiesta; por abolengo, apariencia física, inteligencia, nivel socio económico, etcétera. No queremos ser objetos de la discriminación, pero si examinamos cuidadosamente nuestras conductas, encontraremos que nosotros también discriminamos a otros, con la diferencia, que decimos tener “razones“ para hacerlo.

 El estudio de las culturas antiguas indica que de ellas se destila un conjunto de reglas básicas o leyes de la conducta decente que son necesarias para el buen funcionamiento de la sociedad. En todas ellas se consideró como correcta la valentía, ninguna premió la cobardía. De igual modo, ninguna cultura antigua premió el egoísmo. Así como no aceptó que el hombre podía tener la mujer que deseara. Podría continuar presentado elementos de esta regla de la buena conducta, pero creo que queda meridianamente claro que existe y que no es materia de gusto ni un asunto cultural, pues trasciende a las culturas ya que está presente en todas. Esto es lo que los antiguos llamaban la ley de la naturaleza humana. El hombre es la única criatura que puede violar y viola la ley que es propia de su naturaleza. De manera que sabemos que somos culpables. ¿Culpables de qué? De violar la regla de la buena conducta.

¿Cuál ha sido el resultado de que el hombre no viva como debería vivir? Una historia humana llena de injusticia y de violencia. Donde la ley del más fuerte ha sustituido a la ley de la buena conducta. Vemos a diario como se forman grupos que tratan de dominar a otros para obtener ventaja. Grupos que en su afán por el poder y los bienes materiales, violan todo tipo de derecho de sus semejantes y los explotan sin ninguna consideración. Es necesario continuar describiendo la sociedad actual o lo que se ha dicho es suficiente.

Somos responsables de la miseria en la que nos encontramos, y la razón es simple, no vivimos como deberíamos. Sabemos que debemos cambiar pero no lo hacemos. Todos estamos en el mismo barco. Cuando juzgamos a otros, nos declaramos culpables, pues nosotros hacemos lo mismo. Hemos violado y continuamos violando la ley de la buena conducta que Dios estableció para que sus criaturas vivieran en armonía consigo mismas y con las demás. Estamos atrapados en este ciclo y necesitamos salvación. Necesitamos que se rompa el ciclo.

Dios se hizo hombre en Jesucristo, precisamente para salvarnos (romper el ciclo). La salvación tiene tres etapas. La primera de ellas consiste en la justificación. La justificación es un término legal que significa que la criatura ha sido librada de su culpa, ya no es culpable. ¿Cómo nos libramos de la culpa? Por la fe en la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo.  A través de la muerte de Jesucristo en la cruz, obediencia pasiva, se pagó el precio de nuestra desobediencia a la ley de la naturaleza humana que es en sí la ley de Dios. A través de su obediencia completa a la ley de la buena conducta, obediencia activa, tenemos su justicia. De manera que, en Jesucristo, somos justos ante los ojos de Dios y ya no somos culpables. Es por esto que la Biblia dice “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Cuando reconocemos que somos culpables, que no podemos salir del ciclo por nuestras propias fuerzas y que Jesús es el único que nos puede sacar de nuestra condición; es que somos justificados, nuestra culpa se va y como consecuencia tenemos paz con Dios. Note que la justificación no depende de lo que usted o yo hayamos hecho, solo depende de lo que Jesucristo hizo por nosotros.

La segunda etapa de la salvación consiste en la santificación. En varios lugares de la Biblia a los creyentes se les llama santos. Todos los que han aceptado a Jesucristo como único y verdadero salvador son considerados santos. Un santo no es un tipo especial de cristiano. Todos los cristianos son santos antes los ojos de Dios debido a la obra completa de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, mientras el cristiano esté en su cuerpo mortal, habrá en él una tendencia a violar la ley de la naturaleza humana. Tendencia que lo dominó por completo antes de ser salvo. La santificación es el proceso a través del cual el creyente comienza a vivir conforme a la ley de la naturaleza humana. Pero, ¿cómo logra el creyente vivir como debe?  Cuando el creyente se convierte, el Espíritu Santo, tercera persona de la Divinidad, entra a morar en el creyente. El Espíritu Santo hace morada en el creyente para, entre otras cosas: indicar que es hijo de Dios (adopción), guiarlo a toda verdad (sabiduría) y fortalecerlo para que pueda vivir de acuerdo con la ley de su naturaleza. Por eso es que la Biblia dice, pos sus frutos los conoceréis.

De manera que a medida que pasa el tiempo el carácter del cristiano se va pareciendo más y más al carácter de su Señor Jesucristo. Esto es lo que el apóstol Pablo llama “Si vives en el Espíritu, anda también en el Espíritu”. Con tristeza, tengo que decir, que de este lado de la eternidad, ningún cristiano logra vivir cien porciento de acuerdo con la ley de la naturaleza humana. La Biblia nos dice en Santiago, “Pero todos ofendemos en muchas cosas, principalmente con lo que decimos”. Recuerde que está hablando a cristianos e incluso el mismo se incluye. Así que, la idea de la santificación es que desarrollemos un carácter que esté lo más que sea posible al carácter de Jesucristo.

La tercera etapa de la salvación consiste en la glorificación. En esta tercera etapa nuestro cuerpo mortal será transformado en un cuerpo inmortal. Como dice la Biblia “Seremos semejantes a Él”. En el monte de la transfiguración y en las apariciones de Jesucristo después de haber resucitado, se nos dio un adelanto de lo que serán algunas de las propiedades de nuestro nuevo cuerpo glorificado. La muerte será absorbida por la vida y desaparecerá la tendencia natural a desobedecer la ley de la naturaleza humana. Dado que ya no habrá rebeldes y todos serán obedientes a la ley de Dios, no habrá llanto ni dolor. Tendremos paz con Dios y vida eterna en un cielo nuevo y tierra nueva.

Por lo mencionado anteriormente, es que dice la Biblia “¿Cómo escaparemos si despreciamos una salvación tan grande? Sin más, arrodíllate y acepta la obra completa que Jesucristo hizo por ti para librarte de la muerte, darte paz y vida eterna con Dios. Comienza a vivir la vida cristiana.

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