¿Puede un cristiano ser poseído por un demonio?

En el principio era Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. En el pasado remoto, de su propia voluntad, decidió crear, traer a la existencia, entidades celestiales y entidades terrenales. Jehová Dios es el creador de todo lo que existe en la esfera celestial así como en la terrenal. Todo le pertenece y es sustentado por Él. Dios tiene control de todo lo que sucede en su creación.

De las entidades celestiales conocemos muy poco. La Biblia, el Manual del Creador, menciona y describe a varias de estas entidades: ángeles, arcángeles, serafines y querubines. Debemos entender que la Biblia no es un libro sobre entidades celestiales aunque todo lo que menciona sobre ellas es correcto. Ella establece que el querubín más grande, Lucifer, se engañó a sí mismo y se rebeló contra Dios. Incluso engañó una gran cantidad de ángeles que también se rebelaron contra Dios y a partir del momento de la rebelión se les llama ángeles caídos o demonios. Al líder de la rebelión se le llama príncipe de las tinieblas, diablo y Satanás.

Todos los rebeldes fueron expulsados de la habitación de Dios y habitan en el espacio interestelar, y al parecer principalmente en la Tierra. El fin de estos ángeles caídos es destruir a la criatura que fue creada a imagen y semejanza de Dios, la unidad hombre – mujer. Por esta razón la Biblia dice que el enemigo de las almas, el diablo, vino a matar, a hurtar y a destruir. Aunque es el príncipe de este siglo, esta autoridad la adquirió de Adam cuando éste desobedeció a Dios en el huerto, no todo le es permitido. Por ejemplo, él quisiera que cada persona no convertida estuviera controlada por uno de sus demonios. Pero Dios no se lo permite. El diablo no puede hacer todo lo que quiere, tampoco sus demonios. O sea, aún las personas inconversas, que son miembros del reino de las tinieblas, son protegidas por el Dios que los creó.

Cuando una persona se convierte, la Biblia dice que inmediatamente es sellada con el Espíritu Santo de la promesa. En otras palabras, que a partir de ese momento el Espíritu Santo hace de la persona su habitación. El Espíritu morará en el interior de la persona hasta que Cristo venga. Él es la señal de que Dios guarda al creyente y que éste no puede ser tocado por el diablo. La Biblia es bien clara, el diablo no puede tocar a un creyente que ha nacido de Dios, esto es, tiene al Espíritu Santo.

Dios puede permitir que el creyente sea tentado, zarandeado e incluso perseguido por el diablo y sus secuaces. Pero como dice la Biblia, si el creyente se viste de toda la armadura de Dios y se mantiene firme, el diablo huirá de él. Hay ocasiones donde Dios permite que los cristianos sean maltratados, atropellados y asesinados por el testimonio de Jesucristo. Sin embargo, ni aún en estas ocasiones vence el enemigo, puesto que estos mártires envían un mensaje muy claro, que están dispuestos a dar su vida por amor a su Señor y Creador.

De manera que, un creyente que es templo del Espíritu Santo no puede ser controlado ni habitado por un espíritu inmundo (demonio). Ellos saben que les está prohibido entrar al templo del Dios viviente. Como dice la escritura “los demonios creen y tiemblan”. Sin embargo, es posible que debido a nuestra falta de consagración apaguemos al Espíritu y comencemos a ser vulnerables a los dardos de fuego del maligno. Esto es, que podamos ser influenciados por el diablo y sus secuaces para hacer cosas que no son conforme a la voluntad de Dios. Como cuando el Señor le tuvo que decir a Pedro “Satanás apártate de mí porque me eres tropiezo”.

Tenemos que caminar con temor y temblor todo el tiempo de nuestra peregrinación en la tierra para que seamos instrumentos de bendición y no de maldición. Aunque no podemos ser poseídos, si podemos ser influenciados para hacer cosas que son contrarias a la voluntad de Dios y que producen heridas profundas en la vida de nuestros hermanos.

El Espíritu Santo tiene el poder para controlarnos y obligarnos a hacer su voluntad. Sin embargo, Él no opera imponiendo su voluntad, Él espera que le obedezcamos por voluntad y deseo propio. El creyente no vive poseído por el Espíritu, el debe vivir dirigido por el Espíritu en todo momento. Esto es lo que la Biblia llama “andar en el Espíritu” y “estar lleno del Espíritu”.

Amado hermano, recuerda que “Aquel que ha nacido de Dios, Dios le guarda y el diablo no lo puede tocar”.


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